
Aunque sea difícil de creer, algunos adultos optan por dar a conocer ante el mundo su orientación homosexual después de los cuarenta años. Esta dificultad para el entendimiento, se acrecienta cuando dicho adulto ha tenido vínculos heterosexuales, algunas veces de convivencia o simplemente de noviazgo, con o sin hijos.
El individuo que exterioriza dicho comportamiento –elección de objeto homosexual- en esta etapa de la vida, pudo hacerlo debido a la existencia de un desencadenante interno y/o ambiental, el cual produjo que ese gusto homosexual reprimido se pudiera manifestar.
Recordando lo explicado más ampliamente en el escrito de este blog titulado “orientación sexual”, la elección de objeto sexual es un proceso realizado por el niño/a durante los ocho primeros años de existencia. Escogencia que depende del vínculo que el menor haya tenido con su madre, con su padre y del vínculo entre estas dos figuras.
Cuando el sujeto reprime en el inconsciente su deseo sexual hacia personas del mismo sexo, puede realizar esta acción por múltiples motivos, entre ellas tener un nivel de normatividad tan grande asociado al mandato primitivo sobre que una relación de pareja ha de tener como propósito más importante la procreación, lo cual no podría llevar a cabo con una pareja del mismo sexo.
Otra de las circunstancias por las cuales se reprime la elección de objeto homosexual, puede ser porque el sujeto se desarrolló en un ambiente familiar tan castrante, que limitaba algún tipo de comportamiento, pensamiento, emoción o decisión que no se acomodará a un ideal social.
Adicional a los fenómenos represivos, la persona pudo haber escogido de manera consciente no expresar dicha homosexualidad y manejar un perfil heterosexual, evitando contestar cuestionamientos de los demás, y con ello, una posible discriminación. Esto también puede ocurrir por el crecimiento de un ambiento tan castrante como el descrito en el párrafo anterior
Sea cual fuera la motivación para esconder este deseo heterosexual, esta manera de sentir puede provocar diversos malestares internos, y por ende, favorecer el desequilibrio emocional. Dicha incomodidad interna asociada con una situación externa que favorezca un contacto cercano con otro sujeto del mismo sexo, puede funcionar como un desencadenante que suprima esa barrera represiva y/o que permita decidir al sujeto en el enfrentamiento de su homosexualidad.
En caso que este desencadenante ocurra después de los cuarenta años, este tendrá mayores posibilidades para lograr su cometido –el enfrentamiento de la homosexualidad- puesto que en esta época, la persona no tiene ligado su identidad personal respecto de la forma en que es visualizado por la sociedad.
En efecto, por encima de los cuarenta años, los sujetos se encuentran más preparados que en otras edades, para esforzarse por conseguir su propia felicidad, así esto implique la ruptura con ciertos ordenamientos culturales. Ordenamientos que muchas veces no son explícitos sino imaginarios de cada quien.
Muchos de estos ordenamientos culturales, reales o fantaseados, se encuentran asociados a la convivencia con los padres o a residir en la misma ciudad o sitio cercano a ellos, de tal forma que cuando ellos no existen, o al menos no están cerca físicamente, algo que ocurre en la mayor parte de las ocasiones por encima de los cuarenta años, la persona tiene la confianza para comportarse tal cual es, suprimiendo un poco su barrera represiva, permitiendo que su homosexualidad latente salga a la luz de la consciencia
El ideal normativo ligado al mandato primitivo y el ambiente castrante de desarrollo entre otras cosas, pueden afectar el proceso de creación de una autoestima equilibrada y estructurada, por lo cual el individuo requiere de un proceso terapéutico que ayude a la asimilación emocional de una verdad ligada a su orientación sexual, sin que esto afecte el vínculo afectivo consigo mismo y que tampoco lo haga con su capacidad de adaptación o con sus competencias de vínculos funcionales con el otro y del enfrentamiento sano de la realidad