Manejo inadecuado del estrés en el adulto mayor.

El estrés, según el manual de psicopatología, es la respuesta fisiológica del cuerpo a un estresor, el cual es cualquier suceso o cambio que exija adaptación. El estrés es un proceso adaptativo, siendo imprescindible para la supervivencia. No es una emoción sino el agente generador de las emociones.

La capacidad para enfrentarse al estrés, esta dada por la forma en que cada individuo puede soportar los cambios y las exigencias que tiene en su cotidianidad, para convertir estas situaciones en generadoras de bienestar y de aprendizaje

Así, si estas transformaciones y requerimientos se perciben con connotaciones negativas, el estrés actúa como una fuerza incapacitante para el logro de objetivos. Otra cosa ocurre en caso que estos se signifiquen positivamente, lo cual permite que el estrés facilite la resolución de problemas.

Utilizar el estrés como medio que disminuye o como medio que aumenta el poder de resolver una situación determinada, depende de la manera en que se haya evaluado dicha situación y las fortalezas que cada individuo tenga para resolver dicha situación.

En cuanto a la especificidad de los adultos mayores, el estrés asociado con los tres tipos de vulnerabilidades de esta población, las cuales han sido explicadas en escritos anteriores –vulnerabilidad física, psicológica y social-, ocasionan dificultades para la solución eficaz y funcional de una situación determinada.

De esta forma, el estrés es significado de forma perjudicial puesto que los estímulos del medio son sentidos con más intensidad de lo que realmente son debido a las vulnerabilidades psicológica y social, junto al sentir acerca de los inadecuados recursos personales para su enfrentamiento debido a la vulnerabilidad física, dando como resultado concebir de manera desbordante las demandas internas o externas, afectando la respuesta y el equilibrio emocional del adulto mayor.

Por esta razón, el adulto mayor esta expuesto en la mayor parte de sus comportamientos, a la actuación con alta intensidad del cortisol, también llamada hormona del estrés, provocando una reducción anormal de telómeros –extremo de los cromosomas que protege el material genético-.

Dicha reducción de tamaño impide que el telómero resguarde el ADN por lo cual las células dejan de reproducirse, convirtiéndose en viejas, y produciendo otras consecuencias en el procesamiento de la información del adulto mayor, tales como fallas en la memoria.

Una cantidad considerable de ocasiones, el adulto mayor no acepta este estrés con connotaciones negativas. No aceptación que puede darse para no incomodar a sus familiares o para que estos no piensen que sus padres, abuelos, tíos.., están perdiendo sus facultades de pensamiento.

Tanto los familiares cercanos como las personas cuidadoras del adulto mayor, estarán muy pendientes de lo que esta sucediendo en su ambiente y en su interior, de tal manera que no se sienta tan vulnerable, y pueda enfrentar los distintas situaciones que se le presentan de una forma funcional.

Algunos adultos mayores no reciben de forma positiva esta cercanía de sus familiares o figuras de apoyo, puesto que tienen dificultades para aceptar el cambio de ser personas que cuidaban de su familia, a ser personas que serán cuidadas por su familia.

A pesar de esta resistencia con los familiares u otras personas, ellos deben perseverar en este deseo y en las actuaciones de acompañamiento, hasta que el adulto mayor comprenda que requiere cierto apoyo de terceros, el cual aumentará más en la medida que pasen los años.

El hecho que el adulto mayor reconozca sus limitaciones y asimile emocionalmente que aumentarán con el paso del tiempo, y por ende aprecie el apoyo de otros, es un proceso que se puede mejorar si existe una escucha terapéutica.

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