Los celos en pareja.

La pareja, tal como los demás  organismos vivos, necesitan un equilibrio entre las actividades internas y su relación con el mundo externo. Sin embargo, muchos colectivos tienen muy poca comunicación con el afuera por temor que su vínculo afectivo sea dañado.

En efecto, cualquier interacción que su pareja tenga con alguien diferente, o cualquier cosa que motive su interés ajeno al vínculo sentimental, propicia un desequilibrio emocional por el sentir, muchas veces sin bases objetivas, de una amenaza o posibilidad de pérdida.

A estos celos, se le suman sentimientos como la tristeza, sensación de abandono, dudas sobre la fidelidad del otro y odio tanto a sí mismo como a la otra persona en caso de una hipotética infidelidad, amor propio herido, incertidumbre, deseos de venganza…

Los celos tienen sus raíces en el primer vínculo de amor del ser humano, o sea el que tuvo con su madre. Lazo afectivo que fue disfuncional desde el comienzo en la medida en que el hijo no sintió que la madre lo contuviera emocionalmente de manera sana, durante su camino de conocimiento de su medio ambiente y de separación de ella.

Dicha manera insana podría haberse dado por exceso o por escasa continencia, por lo cual el pequeño no tenía confianza en su figura materna, algo que se podría aumentar en la medida que ella no le enseño a transformar las emociones de odio hacia el padre y tampoco le enseño a interiorizar a esa figura como objeto de amor y de respeto sino como rival.

El trato tan cercano de la madre no permitió en su hijo/a una separación funcional con ella, y ocasiono que el pequeño sintiera ser la pareja sentimental de la figura materna, colocándose en un lugar de posesión que se repite en el futuro con su pareja.

Adicionalmente, el padre, con sus comportamientos en torno a su hijo, pudo haberse ganado el respeto y su lugar como persona encargada de hacer la separación del pequeño con su madre, y de introducirlo en un mundo social y de lenguaje, bajo unos principios distintos a los que tenía en el vínculo fusional con su primer objeto de amor, pero no se ganó un afecto grande que lo significara  como segundo objeto de amor de su hijo, modificando el odio natural por ser preferido por su madre, por un proceso identificatorio y amado del niño con el adulto.

En la medida en que los padres no tuvieron un vínculo emocional adecuado con su hijo, el pequeño tendrá la capacidad para el alto desarrollo de fantasías  en que ocurren una serie de situaciones en que el niño cumple sus deseos referidos a la no presencia del padre, predilección de la madre, retorno de la relación fusional con ella…

La poca o nula confianza en los padres, puede generar que el hijo, convertido en un adulto, tenga con su pareja un estado de celotipia sin razones lo suficientemente significativas o pueda encaminar una elección de pareja en que existan motivos objetivos para tener esa conducta –formar pareja con alguien que este ejecutando una infidelidad o que esta haga parte de su repertorio personal-.

Celotipia en que aparece un nivel fantasioso grande, rasgo propio de personalidad creado desde la primera infancia. Fantasías que producen una aparente tranquilidad puesto que hacen pensar al sujeto que si existen razones objetivas por las cuales alarmarse.

Cuando la acusación de infidelidad o de sospecha se realiza de manera injusta, esto puede estimular en su pareja emociones de angustia, enojo, necesidad absurda de justificarse, sentimientos de persecución, dudas sobre si mismo y, en un caso extremo, lo puede llevar a la realización del acto infiel.

En este caso, existiría una dinámica de pareja disfuncional en que se cumple la acusación, pues esta es concebida como una orden y/o como una invitación a efectuar la infidelidad,  y se encuentra enlazada con un deseo inconsciente de efectuarla para darle un motivo objetivo al celoso de quejarse y no seguirla denigrando.

Es necesario aclarar que las situaciones de celos, no solo se relacionan con personas reales, sino también pueden ser actividades u objetos que ocupan la mayor parte de la atención de la pareja, algo que se convierte en una amenaza para la  persona celosa puesto que se siente desplazada y no querida.

Las acciones de celos –sean infundadas o basadas en una situación de peligro real- conllevan una dinámica de pareja disfuncional y desequilibrada, la cual necesita restablecerse en un proceso terapéutico. Proceso que evaluara el recorrido de la pareja, los afectos pasados y presentes, las ganancias de la infidelidad, la dinámica en la relación, entre otras cosas.

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