Formación de la competencia de resiliencia en los niños.

La resiliencia es la capacidad de sobreponerse a los momentos críticos y adaptarse, recuperando el funcionamiento funcional tanto de su ambiente como de su propia integridad, luego de experimentar una situación inusual o inesperada que tiene la capacidad de descompensar emocionalmente.

Esta capacidad se encuentra asociada con el conocimiento de su mismisidad y la conexión emocional que el individuo tenga consigo mismo. Saber que permitirá  la capacidad para significar sus experiencias o las situaciones nuevas que debe solucionar como digeribles y que ofrecen un bajo nivel de inconvenientes para adaptarse a ellas, o significarlas como momentos críticos y/o traumatizantes cuyos resultados pueden ser un desequilibrio emocional profundo.

El conocimiento de sí mismo es una habilidad que los padres deben enseñar a sus hijos desde que ellos son muy pequeños, más exactamente antes que los niños hayan adquirido el lenguaje puesto que en estos primeros años los infantes tienen más capacidades de adquirir informaciones que se conviertan en saberes, y de formar hábitos.

Cuando el hijo es muy pequeño, las figuras parentales deben introducirlos en diversos ambientes con ciertos grupos de personas que permitan conocer los intereses del bebe y mirar como él/ella se relaciona con los objetos y los individuos. Estas actividades del conocimiento de los intereses de los hijos, también permitirá que sus padres aprendan sobre las características de  personalidad del niño.

En este primer instante, en el cual los hijos no han desarrollado el lenguaje, las figuras parentales deben “prestarles” palabras y comunicar el agrado o desagrado que el niño significa, con sus movimientos corporales, cada que manipula determinado objeto, se acerca a una persona, visualiza algo que le llama la atención o camparte tiempo con los padres en lugares distintos a los habituales.

Igualmente, los padres deben comunicar a sus pequeños las características tanto del ambiente físico como de los objetos con los cuales el niño tendrá una interacción, algo que permite que el menor pueda conocer más palabras y significados, aunque su aparato de fonación todavía no este listo para pronunciarlas.

Teniendo esa interacción con sus padres desde muy pequeños, los infantes, cuando hayan adquirido el lenguaje, tendrán el hábito de nombrar tanto los hechos de afuera como las particularidades de su ser, lo cual puede estar favorecido por padres que constantemente indaguen sobre lo que piensa o siente el hijo con las vivencias propias y el medio ambiente cercano.

En estas pequeñas dinámicas, las figuras parentales están estimulando constantemente que su hijo manifieste sus deseos, describa su medio ambiente y describa su ser. Especificación que se tornará más compleja y más llena de detalles en la medida en que el niño crezca, aumente su nivel cognitivo y desarrollo emocional.

Tener algunos conceptos claros de sí mismo y la motivación por seguir aumentándolos con el tiempo –conceptos a nivel afectivo y a nivel racional-, permite que los niños puedan definir con mayor facilidad acerca de cuales son las situaciones con capacidad para provocar mucho malestar.

Los padres, con su acompañamiento diario, son las personas que orientaran este conocimiento, de tal manera que animen y exijan en su hijo  la realización de actividades que provoquen malestar, y lo retroalimenten en su rendimiento de cada paso de los procesos.

Adicional a este acompañamiento, los padres también deben estimular en su hijo, de forma constante, el desarrollo de proyectos con cierto grado de dificultad que dependerá de la edad del niño. Proyectos relacionados con las actividades que gusten de su hijo.

Dicha actividad necesita desarrollarse desde que el niño es muy pequeño, lo cual generará la suficiente motivación en él para llevarla a cabo. Es un plan colectivo entre padre o madre e hijo en que podrán existir ciertos inconvenientes, oportunidad precisa para que las figuras parentales puedan contener las emociones displacenteras de su hijo ante la dificultad y, puedan retroalimentarlo y darle un alto nivel de confianza para proseguir, confiar en sus habilidades y en el equipo de trabajo con el cual esta resolviendo el proyecto –sus padres-.

Además de las motivaciones del hijo, la formulación de estos proyectos necesitarán que los padres se asesoren de los docentes de la institución educativa de su hijo e investiguen en los libros de pedagogía sobre las acciones que su descendiente esta capacitado por hacer según la edad que tiene, y planteen las acciones objetivos a conseguir en base a esta edades o una edad inmediatamente superior.

Estos proyectos de los niños con sus figuras parentales necesitan ser independientes de los implementados por la institución educativa, pero necesitan estar alineados con las temáticas dadas en los colegios, lo cual permitirá que los infantes adquieran los conocimientos técnicos para la solución de situaciones problemáticas, y a la vez, intensifiquen su lazo de cercanía y confianza que sus padres.

En este punto de vínculo afectivo sólido, los niños interiorizaran estos apegos sanos, traduciéndolos en una autoestima equilibrada, capaz de solucionar los problemas y superar las posibles consecuencias emocionales negativas que se puedan tener.

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