Algunos padres recién empezando el periodo de la adolescencia del hijo, exteriorizan, algo que no hicieron en los años pasados del menor, comportamientos de sobre protección. Por esta razón, el puber es restringido, más allá de lo considerado normal, no pudiendo compartir tiempo con sus amigos y/o con su pareja en caso que la tenga, a pesar que tiene un rendimiento académico adecuado, cumple con sus responsabilidades dentro del hogar, y tiene un trato respetuoso con los demás miembros de la familia.
Otros padres han mostrado comportamientos de sobreprotección con sus hijos desde que ellos son niños de primera infancia, lo cual genera que su descendiente lea que el mundo es un lugar del cual tiene que cuidarse, lo mismo que de las interacciones con otros sujetos.
En cualquiera de los casos que se explicaron anteriormente, se puede analizar que han existido vínculos afectivos disfuncionales entre padres e hijo, dando consecuencias asociadas a la escasa creación de habilidades adaptativas, lo mismo que al poco desarrollo de fortalezas que permitan que el hijo se enfrente de manera exitosa a las diferentes vicisitudes que se presenten en su vida.
En cuanto a la intensa protección ejercida hacia los hijos en la adolescencia, esta puede ser realizada por los padres que se resisten al camino de independencia que desean conseguir sus hijos. Los mayores pretenden negar los procesos naturales bajo la excusa que, con su actitud, están protegiendo al menor de las variadas amenazas en los inicios de sus interacciones con la cultura.
Las negativas que reciben sus hijos ante los diferentes permisos que solicita a sus figuras parentales, pueden ser respuestas que denotan un rechazo de los mayores en el crecimiento de sus descendientes, junto al rechazo que el púber abandone la casa por unas cuantas horas.
En el caso de los padres que conviven en el mismo hogar, el hecho que su hijo adolescente lleve a cabo sus actividades por fuera del hogar, implica que los adultos tendrán que basar sus interacciones en ellos mismos como pareja. Interacciones que han descuidado durante largo tiempo, y que no tienen interés por volver a retomar.
Por otro lado, cuando los padres son separados y su hijo vive con uno de ellos, este padre ejerce muchas limitaciones para que el menor realice sus cosas fuera del hogar, dejándolo solo. En este caso, el hijo es concebido como pareja emocional de su padre o madre, por lo cual no puede existir un alejamiento muy prolongado entre los dos, y tampoco puede existir alguna actividad que genere mayor motivación que el compartir tiempo dentro del ámbito familiar.
Las ganancias egoístas que los padres perciben cuando dan demasiada protección a su hijo, tienen más fuerza que el pensar acerca de la necesidad de permitir, y en muchos casos incentivar, las actividades de sus hijos con sus pares, y estimular que ellos pertenezcan a grupos de formación, por lo cual se ausentarán de casa en muchas ocasiones.
Los hijos adolescentes criados en estos ambientes sobre protectores, pueden tener inconvenientes para el desarrollo de las competencias de sentido crítico, solución de problemas, liderazgo, trabajo en equipo, poco control de sus emociones y acciones, inconvenientes para el direccionamiento del propio deseo…
Adicionalmente, si el adolescente tiene temperamento fuerte, estas acciones disfuncionales de sus padres –comportamientos sobre protectores- pueden generar un alto nivel de rebeldía en el menor con el consecuente desapego a la familia y la realización de actos completamente contrarios a las exigencias de sus padres.
Por el deseo de hacer lo opuesto al planteamiento de sus padres, los adolescentes pueden ser parte de grupos al margen de la ley, tener una sexualidad sin cuidarse, desarrollar conductas adictivas, alejarse de sus valores interiorizados y otros tipos de acciones nocivas para él mismo.