Desarrollo del empoderamiento emocional en los adolescentes.

Los hijos cuyos padres han incentivado que ellos adquieran poder sobre sí mismos, especialmente en su parte emocional,  han podido desarrollar un nivel importante esta competencia -empoderamiento emocional-. Sin embargo, puede existir cierto retroceso en la adolescencia producto del duelo que ellos –los adolescentes- sufren por dejar la niñez, y producto de las transformaciones neurobiológicas, psicológicas y sociales que acompañan esta etapa de la vida.

El duelo y las modificaciones nombradas anteriormente, ocasionan que el adolescente sienta alta intensidad de desequilibrio emocional, afectos ambivalentes hacia sus padres, deseo continuo de competir, alto nivel de agresividad y una comunicación poco asertiva puesto que depositan en el otro aspectos que no son reconocidos como propios.

Particularidades del adolescente que se complejizan cuando este sujeto no ha tenido vínculos afectivos funcionales con sus padres durante la niñez, de tal manera que la pasividad que tuvo hacia ellos soportando en silencio un ambiente negligente o agresivo, se revierte tomando por parte del ahora púber, una forma de agresividad, distanciamiento, oposición intensa…

En caso que pase esto, las figuras parentales requieren introducir a su hijo en un proceso terapéutico que permita que él, mediante el vínculo emocional que adquiera con el profesional solivie los vínculos afectivos disfuncionales, transformándolos en unos lazos en los cuales el paciente se pueda estructurar como sujeto, y con ello, tenga la capacidad de empoderarse emocionalmente.

Por otro lado, si los padres han tenido con su hijo lazos sanos en la época en que fue niño, los pequeños pormenores que tenga en la adolescencia, se pueden remediar con seguimientos de los adultos en las actividades cotidianas, exigencia de ciertos resultados y patrones de conducta, retroalimentaciones, acciones de desarrollo de competencias, implementación de espacios familiares recreativos, de formación y de introspección familiar….

Adicional a esto, las figuras parentales deben fomentar en sus hijos la profundización de los elementos de inteligencia emocional –conocimiento de sí mismo y del propio deseo, control emocional, capacidad para tener relaciones asertivas y empáticas con el otro-.

Acerca del conocimiento de sí mismo, la enseñanza de algunas herramientas diagnósticas como el DOFA o la ventana de Johari  y la aplicación de ellas cada cierto tiempo, permitirá al adolescente saber en qué punto se encuentra para realizar respectivos planes de mejoramiento a nivel emocional, y con ello conseguir objetivos en las distintas facetas de su vida.

Sobre la exploración de las motivaciones del hijo, esto es un proceso que inicia en la primera infancia pero que se complejiza en la adolescencia por la necesidad de escogencia de la dirección que el sujeto tomará al terminar la educación secundaria, y por el desarrollo del púber de la inteligencia formal, permitiendo elaborar hipótesis sin la presencia del objeto, o sea existe la capacidad cognitiva para proyectarse al futuro.

La orientación vocacional que el adolescente lleva a cabo en su institución educativa, necesita complementarse con un dialogo permanente del hijo con sus figuras de apoyo respecto de esta temática, y retroalimentaciones de los mayores sobre el camino del descubrimiento de su deseo que el menor ha hecho en sus años anteriores.

Con el tema del control emocional, las habilidades sociales y la empatía de su hijo, los padres han de estar pendientes de los distintos ambientes en que se desenvuelve el adolescente, con el objetivo de observar de manera cercana la aplicación de los vínculos emocionales que ha tenido tanto con sus padres y con las personas externas, como con él mismo durante su infancia.

Observación que necesita dejar la impresión, ante el hijo, que se esta realizando con una distancia considerable para no atentar contra su privacidad, pero que permitirá sacar conclusiones para retroalimentar al adolescente sobre la manera en que maneja los aspectos anteriormente mencionados –control emocional, habilidades sociales y empatía-.

Tanto las herramientas diagnósticas como los distintos componentes de la inteligencia emocional, generará la información requerida para que los padres puedan introducir a su hijo en la enseñanza del tema de lineamientos y de planeación de su vida –programas macro, actividades, indicadores-.

Acciones que pueden dar pie a diversos cuestionamientos que el hijo adolescente podrá resolver con el acompañamiento de sus padres, o en un proceso terapéutico en caso que estas dudas obedezcan al deseo por explorarse internamente, especialmente su parte latente o inconsciente, lo cual permitirá revaluarse como sujeto.

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