
La educación positiva es un modelo educativo nacido en los años 20 que pretende eliminar las luchas por el poder, así como la figura autoritaria del padre sobre el hijo, de forma que este último aprenda cometiendo fallos y sin miedo de reprimendas o castigos. Esta educación no admite el control excesivo y se fundamenta en el respeto entre padre e hijo.
Esta educación plantea que decir “no” a los infantes, los pueden convertir en personas sumisas, e individuos que obedecen directrices para evitar castigos y no porque exista un pensamiento de las razones de esa negativa. Ellos dicen que lo más recomendable es argumentarle al menor la totalidad de las negativas que se deban dar.
La educación positiva plantea que se debe cambiar la frase “No rompas tus juguetes” por la frase “Cuida tus juguetes si quieres jugar con ellos de nuevo”. Cambiar la frase “No vamos al parque” por “¿Qué te parece si hoy jugamos en casa?”. Cambiar la frase “No te voy a comprar golosinas” por “¿Qué te parece si hacemos un postre?”
Desde mi práctica terapéutica existen tres razones de peso por las cuales este accionar es altamente peligroso: En primer lugar, argumentarle al hijo prohibiciones implica que para el pequeño, él y el adulto están ubicados en el mismo nivel de poder, por lo cual no existen diferencias jerárquicas entre los dos.
De esta manera, el niño significa a sus padres como pares o iguales, pudiendo ocasionar esto muchos desequilibrios emocionales durante la niñez o en posteriores etapas del desarrollo, puesto que no tiene en el presente, por lo cual no interioriza para sus representaciones futuras, unas figuras parentales capaces de contener afectos de forma funcional y de dar un proceso normativo adecuado.
La segunda razón fundamental para concluir que la educación positiva en cuanto a no decir que no, tiene mayores inconvenientes que beneficios, es que el primer paso para una interiorización funcional de la norma, se encuentra asociado con el miedo hacia las consecuencias negativas de ese desobediencia, lo que se denomina castigos o reprimendas.
Cuando los padres niegan cierto deseo, modificándolo por una sentencia o frase de carácter positiva, ponen al niño de primera infancia en un dilema que todavía no esta listo para resolver puesto que sus capacidades cognitivas no se encuentran en un alto desarrollo aun y, porque, estructuralmente, lo moral y lo ético tiene la capacidad para instaurarse en el individuo cuando este inicia su adolescencia.
El adolescente no considera fijas e inamovible las normas, sino que tras un proceso de reflexión y cooperación con su grupo de iguales, pueden crear sus propias leyes, las cuales se basan en lo aprendido hasta el momento más la adaptación que realizan dependiendo de su contexto actual.
El aprendizaje histórico es posible porque el concepto que ha sido interiorizado del deber ser o de las normas, ha sido estático e inamovible en la niñez, especialmente en la primera infancia. Dicho estatismo solo se logra asociando el desacato a la norma con reprimendas y no con dilemas.
Reprimendas que requieren ser alejadas de comportamientos maltratantes puesto que estas acciones provocarían un efecto contrario a lo que se quiere lograr y podrían impulsar al sujeto a disfuncionalidades emocionales o a un rechazo alto de lo reglamentario, con la consecuente atracción hacia lo escondido o ilegal.
La tercera razón por la cual es importante que los niños escuchen negativas, no una sino varias veces, es que cuando sean adolescentes y adultos tendrán esta experiencia muchas veces, originando estados emocionales alterados en caso que no sepan como procesar esta respuesta del medio.
En efecto, los niños cuyos padres han ejercido limitantes pero lo han hecho modificando la forma de decir “no” por verbalizaciones positivas, no han podido desarrollar herramientas emocionales para reponerse a ese no y buscar actividades alternativas por sí mismos para disminuir un desequilibrio emocional momentáneo.
La educación positiva hace que se necesite de un otro para buscar esas alternativas. Otro que muy seguramente no se encontrará cerca en la adultez, ocasionando que este individuo no se pueda autorregular y de manera sencilla se descompense emocionalmente, llegando incluso a ejecutar acciones violentas tanto para los demás como para el mismo.