Inconvenientes en la adquisición del lenguaje del niño.

Durante los seis primeros meses de edad, el niño expresa sus emociones, deseos y necesidades a través de gritos y un llanto ejercido en distintos tonos e intensidad según lo que se desea comunicar –hambre, sueño, cansancio…-.. El significado de dicho llanto solo es conocido por las personas que interactúan y presentan un mayor enganche emocional con el pequeño, casi en la totalidad de las ocasiones esto ocurre con la madre.

Más tarde, el niño entre los 10 y 12 meses, aprovechando el desarrollo de su aparato de fonación, comunica sonidos que tienen similitud con algunas palabras que esta tratando de imitar de los adultos, por lo cual se podría concluir que el pequeño entiende su concepto. Además de estos sonidos, la comunicación se basa en la afectividad y gestualidad.

Cumplido el primer año, con mayor exactitud entre el mes 13 y 14, el niño expresa sonidos que se acercan más a las palabras, contando un repertorio lingüístico de cinco vocablos. A partir de los 14 meses, el niño comienza a nombrar términos que significan una frase entera en varios contextos distintos –la palabra abre puede manifestar abre la puerta, pela la naranja..-.

A los 18 meses, el niño cuenta con un léxico de 20 palabras y algunas frases formadas por dos de ellas –palabras-, las cuales se combinan espontáneamente con mayor complejidad a medida que pasan los días. Crecimiento que a los 24 meses toca las cincuenta palabras junto a frases formadas por dos o tres vocablos combinados, mientras que a los 42 meses, se estima que el niño debe decir 1222 palabras y debe utilizar verbos auxiliares –haber, ser-, así como también usar preposiciones y artículos determinados.

Muchos niños poseen problemas para lograr estos rendimientos, situación que no se relacionan con causas orgánicas –problemas en las funciones cognitivas, sistema fonatorio…- sino que se encuentran más asociadas a un vínculo disfuncional entre el niño y sus padres, especialmente su madre.

En efecto, cuando el niño empieza a emitir fonemas sin sentido o lejanamente parecido a las palabras, las madres, quienes en la mayor parte de los casos son más cercanas a su hijo que el padre y las otras personas, adivinan el significado de estos sonidos, logrando entre los dos un intercambio que ninguna otra persona es capaz de interpretar.

La comunicación pre-lingüística de su hijo deja satisfacciones a la madre puesto que le permite a ella recobrar la relación con demasiada proximidad que se dio en los primeros meses de vida del niño pero que se estaba perdiendo en los procesos de independencia y adquisición del lenguaje, volviendo a generar que el adulto se convierta en alguien indispensable al convertirse en la única persona con capacidad para leer correctamente el pensar o el sentir del infante.

Debido a dicha ganancia, algunas figuras maternas no estimulan a su hijo para que perfeccionen sus sonidos hasta transformarlos en palabras plenamente entendibles, y tampoco instan al menor para la formación de oraciones mediante la combinación de varias palabras.

Ganancia que se enlaza con la resistencia a dejar entrar a un tercero en la relación madre e hijo, alguien que ejecute la separación, y que a la vez, introduzca al menor dentro de orden cultural y de lenguaje, de manera que la madre deja de ser ese ser imprescindible para su pequeño.

En estos casos, la madre siente que su hijo es de su propiedad y no de un orden social. Ella no concibe como esencial que alguien diferente a ella –padre, abuelo, tío- muestre y exija que el menor se adecue a un lenguaje formado por significantes –aquella cosa que significa- que han sido desarrollados dentro de una cultura.

Al no sentir como importante la presencia de un tercero, ella tampoco se esfuerza en “prestar palabras” a su hijo para que él interiorice estos significantes y los trate de imitar. La figura materna se siente muy a gusto en entender y establecer contacto con el pequeño con base en su “media lengua”.

Desvalorizar la presencia de un tercero o un otro, también incluye no permitir que el niño conozca otro tipo de ambientes diferentes a los de su hogar y no dar confianza al pequeño para que se aleje de ella en su camino de exploración y construcción de su propia realidad.

Así, los inconvenientes para la adquisición del lenguaje en los niños, pueden estar relacionados con disfuncionalidades emocionales de la figura materna, quien se resiste a que su hijo se separe de ella por medio del lenguaje, propiciando que el “dialecto secreto” entre los dos, no se acabe.

Esta interpretación puede chocar a muchas madres. Sin embargo, cuando se realiza una indagación profunda de ellas, se observa como el poco desarrollo del lenguaje en sus hijos, se enlaza con un deseo infantil de la figura materna por tener un vínculo totalitario con el pequeño.

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