
La moral se refiere al conjunto amplio de creencias, actitudes y costumbres internas que le permiten a una persona convivir sanamente con otros, mediante el desarrollo de acuerdos. En la medida que algo favorezca lo colectivo, es definido como bueno mientras que si lo entorpece, incentivando la realización del deseo individual a costa del grupo, es significado como malo.
El primer paso para que el individuo pueda construir un sistema de creencias particular es que tenga interiorizada una normatividad social, lo cual solo se puede dar en un proceso en que el niño tenga miedo de las consecuencias negativas –castigos o reprimendas- que puede obtener en caso de no realizar aquello pedido por el adulto, algo que se supone corresponde a una ley social.
En la adolescencia, por otro lado, las transformaciones que tienen los sujetos, ocasionan que ellos se pretendan independizar de sus padres y se introduzcan en distintos ambientes –escuela, grupo de amigos, colectivo de actividades extracurriculares y la sociedad en un sentido más amplio…-, por lo cual deben regirse bajo distintas normas.
De esta forma, el púber ejecuta comparaciones entre la manera de concebir los sistemas normativos en los diferentes grupos a los cuales accede, con su familia nuclear y/o extensa, originando que aquella autoridad unilateral pueda convertirse en una ley más equitativa.
Este conocimiento e interacción con variados sistemas normativos permiten la solución de situaciones con distintos marco de referencia, convirtiéndose en “buenos” en la medida que satisfacen las creencias de grupos particulares numerosos, y en “malos” en la medida en que propician el desacuerdo, el conflicto y el beneficio de unos pocos, induciendo al adolescente, de esta manera, para la creación de su propia definición de adjetivos ligados a la honestidad, afabilidad, humanitario, ecuánime…
Dicho proceso es facilitado por la aparición de la inteligencia formal en el adolescente, provocando que este sujeto tenga procesos de pensamientos y comunique sobre sucesos que no ha experimentado en la vida real, sacando conclusiones al respecto. Estas conclusiones de un fenómeno determinado, se pueden generalizar a más situaciones que tengan vínculos en común, permitiendo que el adolescente cree predicciones.
De tal manera, el adolescente tiene la capacidad de dialogar acerca de problemas que no ha experimentado y desarrollar niveles de análisis propios de acuerdo a su propia moralidad, obtenida de la comparación de sus normas interiorizadas con aquellas que se manejan en otros grupos con los cuales él tiene contacto.
Lo moral estructurado mediante este proceso, puede ampliar un poco la normatividad individual interiorizada en los primeros años. Sin embargo, este camino no implica que la moralidad creada en la adolescencia vaya contra los principios de aquello aprendido durante la infancia.
La inteligencia formal permite desarrollar el término de justicia de manera más amplia que el de los niños. El pensamiento abstracto posibilita que esta definición –justicia- se asocie con los derechos de la totalidad de los individuos y no solo de aquellos que conoce, lo mismo que un sentido de responsabilidad y cuidado tanto consigo mismo como con las demás personas.
A pesar de esta capacidad cognitiva, el procesamiento de información del adolescente se caracteriza por el deseo de obtener el beneficio individual en sus acciones, con lo cual lo moral resulta ambivalente con la naturaleza del sujeto de estas edades.
Después de cimentar un concepto de moral, iniciado por la interiorización un poco punitiva de la normatividad social, pero ampliado en la adolescencia por la interacción y comparación con otros sistemas de leyes de convivencia, la construcción de bondad se convierte en un ideal, el cual esta alejado de las conductas egoístas características del adolescente.
Dicha ambivalencia requiere que el individuo en un proceso consigo mismo, muchas veces requiriendo la intervención de un otro terapéutico, desarrolle una integración entre las dos posiciones –posición egocéntrica y posición bondadosa- creando algo particular que pueda satisfacer en cierta medida los dos extremos.