El tabú de asistir al psicólogo.

A pesar que con el transcurrir del tiempo, las ciencias humana y sociales han tenido apertura en el ámbito del conocimiento y de la importancia aplicativa en la dinámica del individuo, todavía se manejan ciertas temáticas asociadas a esta clasificación, las cuales adquieren una connotación similar a un tabú, puesto que esta prohibido referirse a ellas.

Algunos temas prohibidos se significan de ese modo por los prejuicios –acción de prejuzgar o emitir una opinión previa, por lo general desfavorable de algo que se conoce de manera negativa o no se conoce. Los prejuicios implican actitudes suspicaces u hostiles hacia una persona y hacia el grupo al cual pertenece- que existen alrededor de ellos.

Uno de los tópicos que despierta prejuicios y se convierte tabú es el asociado con  la asistencia al psicólogo clínico, puesto que esta acción se encuentra rodeada de una variedad de sesgos y discriminaciones por parte de algunas personas que no conocen el quehacer de estos profesionales, y los juzgan de acuerdo al desarrollo científico desactualizado en la medida en que fueron formulados muchos años atrás.

Por este motivo, cientos de personas que tienen inconvenientes particulares en el manejo disfuncional de sus emociones, o aquellos sujetos que tienen el interés por ampliar el conocimiento de sí mismo y de su verdad, por nombrar solo dos ejemplos, apenas perciben la importancia de acudir a un otro terapéutico cuando tienen una emergencia originada por un alto desequilibrio afectivo.

En otras ocasiones, aquel quien desea demandar un direccionamiento terapéutico no lo hace puesto que es alguien pasivo que interactúa constantemente con otros sujetos que desvalorizan tanto el saber psicológico como el desempeño de sus profesionales en cuanto a la realización de los procesos clínicos.

Los sujetos pueden castrar su propio deseo por prejuicios que se convierten en tabúes o también castrar el deseo de sus allegados para asistir al profesional de la salud mental, utilizando sentencias como “si vas al psicólogo es porque estás loco”, “lo que me sucede es una tontería, no merece ser tenido en cuenta para asistir al psicólogo”, “no quiero que me manipulen”, “como me aconsejara este profesional de una realidad que no ha vivido”…

Sin embargo, al analizar más detenidamente este hecho, se podría concluir que estos prejuicios  adquieren la significancia de contenidos que no se pueden socializar, como parte de una resistencia que los síntomas que aquejan al sujeto desaparezcan en una eventual realización de procesos terapéuticos. La ganancia del síntoma.

En efecto, la persona que se escuda en prejuicios para no asistir a procesos terapéuticos, es porque tiene tantas ganancias con sus malestares emocionales que forman parte de su realidad actual que no desea transformarlos por comportamientos o maneras de pensar funcionales.

Las ganancia de los síntomas también aplican cuando se desestima la implementación de procesos terapéuticos, mediante prejuicios y posteriores tabúes, con familiares cercanos –hijo, hermano..- o allegados emocionales, utilizando argumentaciones como las expresadas anteriormente.

El tabú de asistir al psicólogo, que bajo la interpretación de este autor resulta ser una resistencia para no indagar las profundidades y transformar síntomas que, aunque generan malestares emocionales también producen ganancias significativas, es una de las causas para que socialmente no exista mejor salud mental y bienestar emocional.

La resistencia que toma forma en el tabú de asistir al psicólogo, es un fenómeno que el paciente necesita comunicar al terapeuta puesto que esto permitirá variadas intervenciones del profesional, las cuales estimularan el proceso de asociación de ideas en variados campos del sujeto que consulta.

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