
En este segundo escrito sobre el libro “La imagen inconsciente del cuerpo” daré la definición que plantea Dolto acerca de la castración, nombrando la castración umbilical, oral y anal, y explicando particularidades y los efectos emocionales de cada una de ellas.
La castración en psicoanálisis se encuentra asociada con una prohibición ante el cumplimiento del deseo de la forma que el individuo quiere ejecutarlo, lo cual se lleva a cabo por medio del lenguaje. La palabra permite que el deseo tenga un impedimento, por lo cual el sujeto debe reprimir este interés.
Al hacerlo, el deseo reprimido puede adquirir mayor fuerza, y el sujeto lo puede reestructurar de una manera sublimada –actividades culturalmente aceptadas como deporte, arte, estudio..- o puede desembocar en una perversión -simbolizacion que no corresponde a la ley-.
El nacimiento es la primera castración –castración que Dolto denomina umbilical-, en la cual se produce una separación de la madre, y por ende un trauma del nacimiento por la pérdida del placer obtenido en la placenta y la tristeza producto de la realidad intrauterina que no se volverá a recuperar –El niño al nacer ha perdido, entre otras cosas, la audición de su propio ritmo cardiaco-.
Con el nacimiento, el niño descubre brutalmente muchas sensaciones nuevas y escucha su nombre, el cual es un significante conocido, junto con otros significantes desconocidos lanzados con diversos tonos de voz que denotan los estados emocionales de las personas que los producen.
De esta manera, el lenguaje simboliza la castración del nacimiento al ser afectos acompañados por fonemas. Las primeras silabas con las cuales han significado a cada niño –mensaje auditivo símbolo del nacimiento-, por lo cual el recién nacido se convierte en una realidad para el orden social –padres, familia, médicos..- después de haber sido alguien imaginado.
Las emociones que tenga el bebe en el momento del nacimiento, además de ser producto del estado afectivo de la madre, también se encuentra relacionado con el ambiente emocional del medio en que ha sucedido el nacimiento –profesionales de la salud, facilidad de equipos..-.
De esta castración umbilical sigue aquella propiciada por los padres, en la cual ellos inscriben al menor con un nombre y el apellido de los padres, dentro de un orden social, mediante el registro civil. En este punto, el niño, deja de ser de las figuras parentales para ser parte de la cultura.
En un periodo más adelante, o sea cuando la madre implementa el destete, ocurre la castración oral, acto que si ocurre de forma funcional culmina con el deseo de succionar, algunas veces de forma canibalística, creando en el niño, tanto la motivación como la posibilidad de hablar, placer que no solo se comparte con la madre, sino con el padre y otras personas de su entorno, finalizando de esta manera el vínculo fusional con ella.
La castración oral promueve en el inconsciente y en el psiquismo del niño, la posibilidad de la relación simbólica y la posibilidad que el niño sea feliz con las demás personas y en el medio ambiente. El niño se significa como alguien diferente a su madre.
Del mismo modo, si la madre ha implementado una castración oral funcional con su hijo, adquiere con él vínculos emocionales con mayor calidad, lo cual se puede visualizar en un placer para la realización del proceso de guiar sus fonemas y su motricidad, mucho mayor que el placer erótico ligado a la succión de su pecho por parte de su hijo
La castración anal es un segundo destete, dándose este entre los 18 meses y 5 años, el cual permite desarrollar más la independencia del hijo dentro del espacio ofrecido por sus padres, lo mismo que permite expresar por medio de palabras que esta de acuerdo con el vínculo entre sus padres. Solo es posible que se dé la castración anal, si el niño es concebido como sujeto y no como animal de entrenamiento.
La castración anal implica la prohibición de dañar su propio cuerpo y el mundo animado e inanimado, o sea que el infante desarrolla el respeto por la posesión del otro que rodea el triángulo edípico. Es una iniciación al placer dado por el lenguaje y por el manejo motriz, el cual involucra los esfínteres anal y uretral.
Los cuidados maternos al trasero del niño son acompañados por palabras y juegos en que va progresando el esquema corporal. La intensificación en la motricidad del niño es una situación nueva para la madre que ella trata de desestimular o incentivar sus comportamientos exploratorios –en este segundo acto solo tendría objetivo- La castración anal orienta al niño para que domine él mismo su motricidad.
Cuando el desarrollo de la motricidad no se encuentra acompañado de la estimulación por parte de la madre acerca del control, producción de palabras y de alegría lúdica con el entorno, el niño no puede sublimar el placer anorectal, pudiendo tener problemas en los procesos de evacuación y retención
La castración anal debe darse por el individuo con el cual el niño se identifica con su sexo –el modelo envidiado y que con gestos y palabras le prohíbe comportamientos motores indeseables según las leyes del grupo porque son dañinos tanto para sí mismo como para otros. Un individuo que, además de esto, no proyecto su angustia sobre las acciones que implementan los niños. Son aquellas figuras que están dispuestos a responder los cuestionamientos de sus hijos y que le ayudan a alcanzar sus objetivos cuando el niño no puede hacerlo por sí mismo. La castración anal solo puede darse si los padres son respetuosos del niño y sus bienes ejecutando acciones como no quitar o regalar los juguetes sin que el hijo sepa de esto-.
La enseñanza en el manejo de esfínteres basado en el proceso motriz y no en el producto –excremento-, puede incentivar el placer de hacer, manipular objetos. Aprender a hacer sus necesidades en un sitio privado en el cual acceden los adultos, permite al niño entrar y ser reconocido en el orden social.
La madre es la persona que con esa asociación, por medio del lenguaje, propicia que el defecar y el retener, se conviertan en un acto placentero a nivel local o placer a distancia por la manipulación del clima emocional del adulto en esta función de su hijo.
Con esta interacción con su madre a base del lenguaje, junto con otras asociadas al gateado, caminado y alcanzar sus propias partes corporales con su mano, el niño se da cuenta que necesita el lenguaje para conocer toda la geografía tanto de su cuerpo como de los otros espacios.
Conocer se convierte en un placer sublimatorio que estimula el hacer operativo y creativo puesto que esta sumergido en un mundo de palabras que lo incita a entender sobre como se hacen las cosas. Sin embargo, él puede reprimirse del deseo de manipulación y creación cuando considera que existen demasiadas prohibiciones de tocar cosas –enchufes, vidrios, platos-
El niño debe ser estimulado por el adulto para que conozca, y si fracasa en el intento, el mayor debe contener las emociones tristes y agobiantes de su hijo por no haber triunfado en su intento de descubrir el ambiente. En caso que los adultos no hagan esto, y antes lo repriman al movimiento por temor que le pase algo o le solucionen las cosas, el niño podría tener inconvenientes para el aprendizaje del manejo de esfínteres.
El niño de treinta meses posee cierto grado de manejo de su motricidad y es capaz de ejecutar interacciones con otros, realizando observaciones y experiencias sensoriales personales. En esta época, el niño se reconoce en el espejo, distinguiendo zonas corporales en el otro que son similares a las suyas, incluyendo la diferencia entre hombres y mujeres. Esta diferencia se observa con la presencia o no del pene para orinar, y la presencia de los senos en la mujer y no en el hombre.
La imagen inconsciente del cuerpo se construye a partir de la primera castración umbilical, luego el destete y después la independencia motriz –manejo de esfínteres-, procesos que también se relacionan con las primera prohibiciones, aquellas que se dieron antes del proceso edípico.