La imaginación es un estado donde el adolescente prefiere volcarse puesto que se siente incómodo con el estado de realidad de los adultos por falta de confianza en sí mismos. A pesar que el sujeto entre 12 y 18 años gusta sumergirse en la fantasía, reconoce que esta es diferente a la realidad, algo diferente a lo que pasa en la niñez
Tanto las fantasías como el cumplimiento de estas, pueden remediar la tristeza del adolescente por sentirse frágil en el sentido que no es autosuficiente y necesita de un otro, algo que es complicado aceptar puesto que la personalidad del púber tiene la soberbia como uno de sus puntos fundamentales.
Los sujetos que terminan, de manera funcional, el periodo de su adolescencia, están en capacidad de asumir otro rol, el cual se encuentra asociado a ser visualizado de otro modo tanto por su familia como por las instituciones, por el estado y por ende por él mismo.
La autosuficiencia tan anhelada desde la adolescencia, tiene mayores matices desde la realidad, por lo menos aquella que se refiere a la autonomía emocional, debido a una transformación de la significación que los padres tienen hacia sus hijos, el inicio de los estudios superiores, la oportunidad para un trabajo legal y la posibilidad para elegir presidente, gobernadores, alcaldes…
Desde ese punto de vista, las fantasías desenfrenadas que se utilizaban entre los 12 a los 18 años, no tienen necesidad de utilizarse de esa forma, puesto que algunas se han conseguido mientras que en otras existe un camino definido, o un proyecto para su consecución.
En este periodo de la adultez joven -18 a 25 años-, los sujetos se sienten más a gusto con su mismisidad, estando preparados emocionalmente para el desarrollo de aquellas ilusiones posibles de lograr gracias a sus esfuerzos personales asociado con el apoyo de sus figuras parentales.
Los nuevos adultos que han interiorizado, debido a un vínculo afectivo funcional con sus padres, la importancia en la creación de un proyecto de vida estructurado, comienzan a sentir la validez de esta herramienta puesto que las actividades que están haciendo corresponden a aspectos conocidos –deseos, dedicación personal y ayuda de sus progenitores-.
Empero, existen otros adultos jóvenes que no han superado su periodo de adolescencia. Ellos se resisten a tomar las responsabilidades de un adulto y a modificar los beneficios que tenían en su adolescencia por otros, asociados a su lugar actual frente a la familia y frente a la sociedad.
Los adultos jóvenes que se quedaron fijados en la adolescencia no han estructurado su identidad individual, realizando constantemente comportamientos disfuncionales como exceso de fantasías sin sustento real e implementación de pugnas con sus figuras de autoridad y contención, con el objetivo de visualizarse independiente de ellos, desde el punto de vista psicológico.
Las figuras parentales, cuyo hijos han quedado fijados en la adolescencia, deben establecer con su hijo espacios de dialogo, más allá del sermón o la reprimenda, en el cual puedan conocer las resistencias que el ahora mayor de edad, tiene para asumir mayores responsabilidades y empoderarse consigo mismo.
Espacios de dialogo en los cuales el adulto joven socialice con sus padres sus motivaciones o fantasías. Conocida estos, tanto mamá como papá deben asesorarlos para el desarrollo de un determinado proyecto de vida y el requerimiento para acciones inmediatas que puedan dar respuesta o facilitar ese querer de su hijo.
Adicionalmente, los padres necesitan dar responsabilidades a su hijo dentro del hogar, en caso que no lo hayan hecho anteriormente. Si lo hicieron, las labores han de tener mayor importancia, sin que estas afecten su estudio o sus actividades laborales.
Las figuras parentales deben dejar muy en claro a su hijo que vivir dentro de la casa, implica el cumplimiento de determinadas normas de convivencia –no se acepta ningún comportamiento de maltrato, realización de tareas en la casa..- y el desarrollo de las acciones laborales, estudiantiles o ambas.
El hecho que el adulto joven tenga problemas para superar la adolescencia puede ser debido a un vínculo disfuncional con los padres y fallas en el proceso para la adquisición de normas, lo cual transformarán con comportamientos más proactivos desde lo emocional e imponentes desde lo social.