La enfermedad terminal es aquella que no tiene tratamiento específico curativo o con capacidad para retrasar la evolución, y que por eso conlleva a la muerte en un tiempo relativamente corto –generalmente inferior a seis meses-. La enfermedad terminal conlleva un alto grado de sufrimiento a nivel físico y a nivel psicológico tanto en el paciente como en la familia.
En vista que es imposible el objetivo curativo para este tipo de patologías, los profesionales de la salud se enfocan en el cuidado del paciente, proporcionándole la mayor calidad de vida hasta que acontezca la muerte. Por esta razón, es imprescindible el profesional de la salud mental.
El, entre otras cosas, permitirá direccionar al paciente en la tramitación, por medio de la palabra, de los sucesos actuales y pasados que han provocado desequilibrio o malestar, consiguiendo que se active o se desarrolle más su propio deseo por darle calidad a sus últimos instantes de vida.
Para conseguir este objetivo, el profesional ofrecerá retroalimentaciones e interpretaciones, dentro del espacio terapéutico, que ocasionaran que el consultante disminuya la carga afectiva a las representaciones negativas, re-signifique su historia dando otra perspectiva a su pasado y presente, de tal manera que encuentre una mismisidad sana para cerrar las distintas temáticas inconclusas que tiene y afrontar un proceso de muerte próxima.
El paciente puede alcanzar dicha mismidad dentro de la interacción que se lleva a cabo en cada sesión, pero mayormente en la introspección que hace el sujeto entre cada encuentro puesto que en este espacio se produce un movimiento considerable de asociaciones con el material manifestado en el dialogo intersubjetivo con el profesional y con otro tipo de memorias vinculadas.
En la adultez entre los 25 y 40 años, estos sucesos actuales y pasados provocadores de emociones y estados afectivos nocivos o intranquilizante, además de referirse al dolor físico y emocional que sienten junto a un sinnúmero de cuestionamientos e incertidumbre por el deceso cercano, están relacionados con las cuatro temáticas problemáticas para los individuos de estas edades: La independencia económica, la estabilidad en el vínculo de pareja, la proyección y seguridad laboral, y la tenencia o no de hijos.
Los sujetos entre 25 y 40 años con enfermedad terminal tienen parte de estos tópicos realizados o con ilusiones de implementarlos, por lo cual la preocupación por estos se puede convertir en una dificultad para los efectos positivos del tratamiento paliativo.
La terapia psicológica requiere disminuirle fuerza a estas representaciones, incentivando que el sujeto en cada repetición que realice pueda descubrir mayor cantidad de material inconsciente, algo que le sirva para enfocar su energía en el cierre de procesos y en la aceptación pronta de su morir.
La forma en que dichos adultos signifiquen los aspectos anteriormente mencionados depende de la etapa de afrontamiento que tenga en su proceso de enfermedad terminal. Existen cinco fases, las cuales tiene cierta similitud con aquellas que se vivencias en las situaciones de duelo.
En la primera fase, el sujeto ejecuta una negación de la noticia acerca que su enfermedad sea terminal, pensando en diagnóstico erróneo y buscando variedad de opiniones. El segundo estado es el de la ira con la totalidad de su medio ambiente, algo que produce rechazo y desmotivación a recibir cuidados de los demás. La tercera fase es la negociación en la cual existe esperanza en el deseo de posponer o retrasar la muerte. El cuarto estado es el ánimo caracterizado por la tristeza, desilusión, inutilidad, odio…La quinta fase es la aceptación de la muerte.
Sea cualquiera de los pasos de enfrentamiento de su realidad que el sujeto entre 25 y 40 años este vivenciando, y en el ambiente en que lo haga –sitio de residencia, hospital, servicio de salud especializado para enfermos terminales..-, él necesitará un proceso terapéutico, como se dijo anteriormente, acompañado de una significativa red de apoyo familiar que pueda ofrecer comunicación asertiva, promocionar la autonomía del familiar con enfermedad terminal y facilite la realización de actividades gratificantes.