Aceptación del conflicto edípico de acuerdo a la dinámica de los cuentos de hadas.

El complejo de Edipo es un término originario del psicoanálisis que significa, tal como ha sido conceptualizado en escritos anteriores, el deseo del hijo por establecer un vínculo demasiado cercano con su madre, cuyos resultados es un placer permanente por la unión sin distanciamiento, simulando, o, por lo menos, tratando de hacerlo, el vínculo fusional que tuvieron la figura materna y el hijo durante los nueve meses del embarazo.

El complejo de Edipo en la mujer transforma su nombre a complejo de Electra según algunos autores, complejo que significa el deseo de la hija por conseguir un vínculo demasiado cercano con su padre, y así obtener la completud que según la pequeña tiene el mayor, reemplazando de esta manera a su madre, por lo cual se siente poderosa.

En ambos complejos, existe una separación que el padre, o la persona que lo reemplace, implemente de la relación casi que pegada que los hijos –hombre y mujer- tienen con su figura materna. Primera y única en el caso masculino pero no en el caso femenino, puesto que en el complejo de Electra la madre necesita desarrollar una segunda separación del lazo emocional demasiado íntimo que su hija quiere alcanzar con su padre.

Dichos límites que los padres requieren poner a su hijo para su crecimiento funcional, producen diversas emociones displacenteras en el infante, acompañadas de desequilibrios emocionales que lo inducen a tomar ciertas respuestas que pueden ser positivas o negativas.

Si este niño con su vivenciar interno desarmonizante, tramita esta clase de estados afectivos con la proyección –depositar afuera aquello que esta interiormente-  en el cuento de hadas, él estará capacitado para comprender e interiorizar, consciente e inconscientemente, que necesita renunciar a sus deseos infantiles de dependencia para alcanzar una existencia autónoma más satisfactoria.

Esto es posible porque el argumento de los cuentos de hadas no permite al niño tener pensamientos acerca que quedarse estancado en su entorno familiar produciría una eventual felicidad, antes por el contrario, el hilo de la historia da a entender que alejarse de su familia propicia significarse desde una particularidad en la cual se integra con su medio ambiente, obteniendo satisfacciones por esta forma de comportamiento.

Dicha integración con los demás elementos de su entorno, provoca que el niño se acerque a estos junto a su simbolismo, entendiendo que ellos lo pueden resguardar aunque se sienta perdido en la búsqueda de algo, pero que también lo pueden afectar negativamente por lo cual el héroe tiene que establecer competencias para desarrollar una escogencia funcional respecto a cuales otorgarles credibilidad

Es importante aclarar que el adulto narrador requiere informarle al niño que dichos componentes de su contexto que generarán confianza o sospecha en la época que se escribió el cuento de hadas, son diferentes a los de una ciudad actual evolucionada en la cual coexistir con árboles, tierra y animales es muy poco probable, pero el niño puede encontrar seres o entornos que lo pueden proteger –familiares cercanos, policías, profesores, lugares abiertos, iluminados y con muchos individuos, animales domésticos..-, así como también criaturas o arquitectura que lo pueden perjudicar directamente o estimular que otros se aprovechen de él –personas extrañas, animales salvajes, sitios cerrados, oscuros y con pocas personas..-.

En el momento en que el infante puede descifrar la función simbólica de diversas piezas de su ambiente, a través de los cuentos de hadas aplicadas a su vida corriente, él también estará capacitado para tener una separación más saludable de sus padres, puesto que interiorizara que la labor de contención, guía, estimulación del conocimiento propio, protección, exigencia de una normatividad…, no solo es ofrecida por papá y por mamá sino por aquellos objetos y sujetos con los que el héroe, y por ende el niño, se encuentra en el camino que recorren lejos de su hogar físico.

Además de lo anterior, la identificación del menor con el héroe del cuento de hadas genera la expectativa que, tal como el personaje quien encuentra su pareja adecuada en el mundo de ficción, él también descubrirá en el mundo real aquella persona quien lo hará feliz.

Para que el héroe del cuento de hadas, o sea el niño, pueda ejecutar el distanciamiento de su entorno familiar, el personaje de ficción luchará y vencerá a determinadas fuerzas negativas, las cuales simbolizan esa figura paterna, quien ejerce una función castrante o prohibidora del lazo demasiado cercano entre madre e hijo.

El niño acepta y esta a la espera, con el relato del cuento de hadas, que el héroe pueda vencer a los malos, mediante la utilización de su inteligencia, sagacidad y diversas fortalezas que promueve la idea que este personaje puede vencer en la lucha.

Resultado del cuento de hadas que no se puede dar en la realidad puesto que si el pequeño interioriza la idea que su padre es débil y pierde en las batallas con su hijo, esto  podría desestructurarlo emocionalmente, provocando que no confiará en el adulto para ser protegido, así como tampoco guardaría para sí mismo la exigencia por obedecerlo y tampoco el deseo por emularlo.

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