Motivo del desprestigio de los cuentos de hadas en algunas épocas.

El mensaje fundamental de los cuentos de hadas es que existen dificultades inherentes a la vida, problemas que si se encaran y no se huyen para su enfrentamiento, permitirán dominar y superar los obstáculos. Estas dificultades pueden darse a raíz de una realidad en el que la totalidad de deseos individuales no su pueden cumplir, por lo cual el niño necesita interactuar con otros de manera constante e integrarse con ellos.

Dicha integración con los demás se desarrolla con los personajes bondadosos y aquellos significados, por el infante, desde la literalidad de la historia, como alguien “malo”. Nocividad que los adultos alrededor del niño que minimizan la importancia de esta obra literaria para la formación de su pequeño, las han entendido desde el real y no desde la posibilidad de concebirlas desde un simbolismo.

Estas figuras parentales tienen mucha resistencia a que su hijo pequeño tenga conocimiento sobre el lado oscuro de las cosas. Ellos enfatizan demasiado por enseñar a su descendiente la idea que el mundo es solo de cara positiva y que el ser humano únicamente se mueve por deseos benévolos, negando que lo hace por agresividad, egocentrismo…, y por ende, niegan que tanto el existir como las personas en sí poseen rasgos tanto positivos como perjudiciales que requieren integrarse.

La incapacidad de los niños para asimilar emocionalmente que cada individuo puede presentar ambivalencias o contrarios en sus características de personalidad, ocasiona que cuando los hijos tienen sentimientos o emociones negativas, ellos sientan que son monstruos o seres de los cuales los otros sentirán rechazo. Igualmente, los infantes pueden dar una interpretación de este tipo –monstruosa- cuando sienten que los mayores han cometido determinado error, así sea minúsculo.

De esta forma, los padres no permiten que sus hijos tengan saberes acerca de las molestias que puede encontrar en su diario vivir, rehusando a utilizar los cuentos de hadas como herramientas con las cuales obtengan sugerencias, en forma simbólica, de maneras efectivas para solucionar estos conflictos.

Temáticas delicadas que los mayores, probablemente por su afán de proteccionismo con su pequeño, no quieren que él tenga consciencia de ellas, exceptuando que necesiten hacerlo por sus vivencias particulares o familiares –tópicos referente a la muerte, el envejecimiento, el deseo de la vida eterna…-.

El hecho que el adulto introduzca a sus hijos en los cuentos de hadas, obliga a los padres a sumergirse en un mundo simbólico en los que se explica la realidad desde un sentido más profundo. Camino que no pocos adultos pretenden recorrer con su pequeño, puesto que esto implicaría un sinnúmero de interrogantes para los dos, algo que en muchas ocasiones los padres no tienen la respuesta y la deben explorar con su hijo, simultáneamente, en la lectura de estas narraciones.

Los adultos en su rol parental no se dan cuenta que al mostrarle un mundo a su hijo, vinculado solamente a personajes y sucesos que generan bienestar, lo están encaminando al sufrimiento mayor, y posterior fracaso, puesto que cuando él pequeño intuya que la existencia es completamente alejada de aquello enseñado por sus padres, sentirá una gran decepción y una ausencia de habilidades emocionales que le permitan resolver conflictos en esta realidad parcialmente displacentera.

De esta manera, el espacio compartido, entre los padres y los hijos,  para la lectura y el análisis de los cuentos de hadas, puede ser un tiempo en donde se da la oportunidad al menor para que desarrolle competencias debido que estos fortalezas son cuestiones que caracterizan al héroe, con quien el pequeño se identifica a través del realzamiento que los adultos desarrollen de este personaje en el momento narrativo.

Adicionalmente, el adulto al no presentarle los cuentos de hadas a su hijo, tal vez por su desconocimiento del simbolismo involucrado en estas obras literarias, no esta permitiendo que el menor tramite de una forma funcional, las vivencias de su subjetividad.

Maneras de sentir y percibir el mundo salidas de cualquier nivel de objetividad por lo cual los padres no la entenderían, pero al compartir este instante de lectura, estimulan que su hijo se sienta protegido al explorar su mismidad y encontrar soluciones por sí mismo a los conflictos que solo aparecen en su interior –ansiedad de separación, identificación con el padre pero simultáneamente deseo que no exista…-

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