
A partir del año 2000, el avance tecnológico, especialmente el asociado a la creación de celulares inteligentes y de conexiones móviles a internet, ha ocasionado que los sujetos creen una necesidad artificial, como es estar permanentemente informado y en conexión con las personas.
A pesar de dicho requerimiento por saber de las personas y del mundo, las personas rehúyen la interacción personal, provocando que esta sea dejada a un lado y transformada en socialización solamente a través de redes sociales, o simplemente que esta interacción cause desinterés y se prefiera realizar las tareas en línea de forma solitaria.
Los primeros que adquirieron este gusto por la soledad y escaso deseo por relacionarse personalmente con otros, fueron las personas adultas, quienes han permitido que la tecnología ocupe gran parte de su tiempo tanto en horarios laborales como de descanso.
El hábito del adulto de utilizar constantemente su tiempo en las herramientas tecnológicas, puede ocasionar en ellos desinterés para las relaciones afectivas, frialdad emocional y rechazo a todo tipo contacto que no sea por este medio. Estos adultos son personas que no comparten espacios familiares con su pareja o con sus hijos, y si los comparten no pueden deshacerse del uso de su celular o del computador, impidiendo tener una comunicación fluida o un vínculo afectivo cercano con su familia
Al presenciar este comportamiento del adulto, los menores desean identificarse con sus primeros objetos de amor, tomando como propia estas conductas similares a la tenencia de una adicción, las cuales están incentivadas debido que los padres permiten que sus hijos inviertan gran parte del tiempo en el celular o en el computador, no exigiendo la realización de actividades deportivas o actividades de socialización personal con sus amigos o con su familia.
De esta forma, se puede visualizar que la sociedad más pequeña, como lo es la familia, esta estimulando en sus miembros los comportamientos esquizoides, algo determinado solamente por la influencia cultural y no por la baja cantidad de receptores de dopamina.
Dichas conductas esquizoides dentro del entorno familiar, denota ensimismamiento de los miembros en las actividades y denota fallas estructurales en la formación del colectivo, debido que no existe interés por el desarrollo del otro y tampoco existe motivación por expresar emociones o compartir vivencias.
Las familias esquizoides se convierten en sociedades esquizoides controladas por una necesidad artificial asociada con estar conectado a determinado aparato comunicacional, y por ende huir de la comunicación personal y del desarrollo de vínculos emocionales con las personas.
Sociedad esquizoide que se puede trasformar en la medida en que las figuras de identificación, como los padres de familia, transformen su manera de percibir la realidad, y sean conscientes de su papel como formadores de costumbres y de toda clase de inteligencia en sus hijos, incluida la emocional.