Cuando se forma una pareja, cada uno de sus miembros llega con unos patrones establecidos de comportamientos, pensamientos, maneras de sentir, principios de vida y formas de comunicación, los cuales no transformará sino que permitirán que el individuo se quede o abandone la relación de pareja de acuerdo con la similitud entre su historia con las nuevas vivencias.
En cuanto a las formas de comunicación explicitas, estas pueden ser de cuatro tipos: Asertiva, pasiva, agresiva y agresivo-pasiva. Cada una de ellas, es una forma interiorizada de establecer contacto con los demás, forma que debe ser complementaria con la otra persona para lograr un entendimiento emocional y racional.
Además de estas formas explicitas de comunicación, existe una comunicación más interna, que se exterioriza algunas veces pero que determina gran parte del accionar del ser humano. La comunicación inconsciente que tiene como objetivo expresar los aspectos más profundos de su ser –miedos, deseos, traumas-, con base en las primeras interacciones con sus padres.
La mayoría de las veces, esta comunicación inconsciente no se expresa en palabras sino a través del cuerpo –trastornos conversivos, movimiento paraverbales como miradas o posiciones corporales, sueños o en actos fallidos como chistes, equivocaciones en las palabras dichas-.
De esta forma, la comunicación inconsciente, en la cual se encuentra incluido el lenguaje corporal, manifiesta la cercanía que tiene la pareja actual con los aspectos más profundos y el nivel de sincronización que tienen ambos individuos en su relación de pareja.
En la medida en que exista un mayor conocimiento de las necesidades afectivas del otro y en la medida en que se puedan satisfacer esas necesidades, la comunicación inconsciente entre los dos miembros de la pareja será más fluida y con más apertura.
Por el contrario, entre menos cercanía emocional haya entre los miembros de la pareja, más posibilidades existe que haya algún tipo de trastorno conversivo entre los dos integrantes de la pareja o por lo menos uno. Así mismo, cuando la pareja esta desintonizada se puede observar que alguno de los dos o los dos mantienen con el cuerpo cerrado –manos o piernas cruzadas- y rehúyen un contacto visual entre ellos o tienen gestos faciales de tristeza, odio, intranquilidad.
Las parejas que no tienen una efectiva comunicación desde el inconsciente, son aquellas que tienen una comunicación de manera explícita pero esta no tienen resultados óptimos puesto que no se produce un encuentro desde lo emocional y desde el deseo, o sea desde las necesidades más profundas del otro.
Estas parejas son las que por la cotidianidad, la crianza de los hijos o un sinnúmero de otros aspectos del ambiente en que viven, junto a su pasividad para mantener un vínculo afectivo sin “cultivar” o su dificultad para dar una lectura al descontento de la otra persona y el enfriamiento de la relación, no enfrentaron los conflictos, dejando finalizar el vínculo afectivo.
Al hacerlo, la comunicación de la pareja se convirtió en algo sin sentido puesto que los afectos se disolvieron. En este momento no hay acuerdos y no hay deseos inconscientes entre la pareja, lo cual solo se puede reanudar a partir de un proceso terapéutico que permita a cada uno conocer la naturaleza y las necesidades actuales más profundas del otro y, cuestionarse si puede satisfacer dichas necesidades y si puede ser satisfecho por el otro.
La única forma de evitar el enfriamiento y posterior ruptura del vínculo emocional es no dejar de conocer a la pareja de forma permanente, lo mismo que aperturar su yo interno para permitir que la otra persona lo conozca, formando un equipo de trabajo estructurado con un dialogo junto al logro de acuerdos desde la satisfacción de las necesidades más profundas tanto del otro como de sí mismo.