En el momento que se exterioriza el deseo de los miembros de la pareja por tener hijos, ellos intentan lograr la fecundación de manera natural, a través de contactos sexuales, especialmente en los días en que la mujer piensa que esta ocurriendo la ovulación.
En caso que este método no funcione, ellos acuden al especialista, quien al principio recomienda solo tener sexo determinados días, dependiendo de signos corporales como la temperatura del cuerpo, olor vaginal…En este punto, la sexualidad de la pareja deja de ser natural y placentera, convirtiéndose en algo obligatorio fuera de la escena del deseo.
La sexualidad adquiere otro significado, algo que solo se puede aceptar por el acuerdo implícito, puesto que no se exterioriza, que realizan los miembros de la pareja, consistente en encaminar sus esfuerzos para el logro del embarazo y posterior nacimiento y desarrollo del hijo.
En caso de no conseguir el embarazo de manera natural, la pareja se frustra al principio, pero siguen intentando con el ensayo de variados métodos médicos una y otra vez, los cuales pueden producir el ansiado embarazo, a pesar que estos procedimientos generan efectos secundarios que atentan contra el equilibrio físico y ocasionan desestabilización psicológica, consecuencias que aumentan en la medida que se incremente el número de procedimientos fallidos –sin la aparición de un embarazo y feto desarrollado-.
Estos procedimientos, repetidos por muchas personas, son acompañados de intensas oraciones hacia la deidad en que cree cada quien, junto con el deseo de una aparente acción sobrenatural –embarazo- y un sacrificio en caso en que esta situación se cumpla.
Tal parece que estos sujetos determinan sus deseos de ser padres o madres, por una cuestión narcisista asociada a verse físicamente a través de su hijo, y a conservar su unión afectiva con base en el descendiente, y no por su deseo de agrandar la familia, formar a alguien y a tener un vínculo afectivo profundo de padre o madre.
El acuerdo implícito o alianza para lograr el embarazo, tiene tanta fuerza, que sus miembros solo se enfocan en esa temática, descuidando y olvidando cultivar de manera diaria el vínculo afectivo de pareja. Alianza que repercute inmensamente, aún después que sus hijos han nacido y crecido.
En el proceso de crecimiento de su hijo, los vínculos afectivos de pareja se enfrían a tal punto, que los padres tienen dificultades para visualizarse como pareja, dejando de interesarse en compartir actividades solamente con la otra persona, o tampoco se motivan por realizar una introspección del colectivo.
En la medida que su hijo crece con condiciones de salud física y psicológica óptimas, esta alianza entre padres se comienza a desintegrar. Las dos personas se distancian desde el punto de vista emocional, lo cual dificulta tener un trabajo de equipo funcional.
En este contexto, las diferencias entre los padres pueden manifestarse con mayor intensidad, ocasionando no ponerse de acuerdo, con la posibilidad que uno de los padres se identifique y se alíe con el hijo, ampliando más el distanciamiento entre la pareja.
Desde mi práctica terapéutica, cuando el vínculo afectivo de pareja se ha perdido o fraccionado, se puede volver a recuperar mediante cinco acciones: La primera es propiciando espacios de dialogo de forma regular acerca de las actividades diarias, pensamientos y emociones. Oportunidad para que las dos personas implementan un principio de introspección que permita aumentar su conocimiento, confianza, necesidad de comunicación íntima, y las habilidades de trabajo en equipo.
La segunda forma que recomiendo para cultivar el vínculo afectivo de pareja, es la creación de actividades de diversión y esparcimiento, de manera semanal, sin la presencia de los hijos y tampoco que ellos –los hijos- sean parte de las conversaciones en ese momento.
La tercera forma para no perder el avivamiento del lazo emocional es desarrollar y mantener el lado detallista. Nunca esta de más una palabra bonita, un poema, una carta, unas flores, un chocolate o una sorpresa que pueda inducir a una sonrisa espontanea a la otra persona. Detalles que deben asociarse a la felicidad de la pareja y no al deseo de lograr una disculpa por haber hecho algún comportamiento que pudo haber afectado la relación.
La cuarta forma de cultivar la relación continuamente es tener un trabajo en equipo con la pareja y que ella –la pareja- sienta la proactividad en los diferentes desempeños que los involucren a los dos –trabajo, gastos, tareas de la casa, responsabilidades con los hijos, formulación de planes recreativos, desarrollo de espacios de unión y recreación con la familia extensa y amigos…-.
La quinta manera de conseguir la alimentación del vínculo de pareja, se consigue en la medida en que cada miembro no se quede estancado en sus características personales sino que trate de mejorarlas con hábitos físicos y emocionales saludables –cuidar su salud y arreglo personal, ejercicio y lecturas regulares, conocimiento de sí mismo, aprendizajes, mejoramiento de debilidades y maximización de fortalezas, adquisición de conocimiento..-.