La ideación suicida es un comportamiento que se puede presentar en los trastornos depresivos o distímicos. Conducta que merece el mayor cuidado, la remisión a psiquiatría puesto que requiere un manejo farmacológico y la remisión a un proceso terapéutico.
Algunos autores como Miranda en 2009 han explicado que para que se dé el fenómeno del suicidio, deben ocurrir cinco pasos: 1) Ideación suicida pasiva –mediante dibujos, escritos, chistes, conversaciones de suicidio etc-. 2) Contemplación activa del propio suicidio –pensamientos acerca del como, cuando, donde-. 3) Planeación y preparación 4) Ejecución del intento suicida 5) Suicidio consumado. Otros autores como Jimenez-tapia y Gonzalez Forteza en 2003 añaden otro paso entre el primero y el segundo, el cual se refiere a la amenaza suicida.
Muchos estudios han encontrado que el comportamiento suicida de un individuo ha estado influenciado por familiares que han tenido la ideación suicida o han llevado a cabo este acto. Ante esto se puede decir que existe un componente genético pero este no es determinante en el acto en sí
Cuando sabemos que un familiar, un amigo o alguien conocido tiene una ideación suicida, debemos escucharlo y recomendar que asista donde un profesional de la salud mental –psicólogo, o psiquiatra- para que ellos evalúen las características de la ideación y tomen medidas ante esto.
Es necesario aclarar que los individuos pueden definirse tristes, estar pasando por situaciones negativas y querer no estar en este mundo, pero esto no conlleva a que ese individuo tenga una ideación suicida como tal. Empero, en caso que estos sentimientos y esas sensaciones sean recurrentes, el estado anímico de esa persona necesita ser valorado por un profesional de la salud mental.
La ideación suicida se produce como consecuencia de la connotación negativa que el individuo tiene sobre su existencia, algo que va unido a su incapacidad para enfrentar problemáticas actuales. Estos conflictos actuales sin resolver se han tornado más intensos porque se han asociados con situaciones del pasado.
En cuanto a los factores protectores contra el suicidio, autores como Mosquera en el año 2016, señala que estos factores pueden ser personales y sociales. Los personales se encuentran asociados a la habilidad para resolver conflictos, autocontrol emocional, control interno, autorregulación, flexibilidad cognitiva, habilidades para automotivarse y habilidades sociales. Entre los factores sociales se puede observar la existencia de grupos de apoyo familiar y social, la posesión de valores y creencias sociales, y la integración social.
Los resultados de estas investigaciones, permiten concluir que los principales factores protectores contra el suicidio, se encuentran ligados al desarrollo de la inteligencia emocional, una de las razones por las cuales este tipo de inteligencia se debe convertir en temática prioritaria tanto en la educación formal, la educación no formal –familia, grupos deportivos etc- como en la educación no informal –contenidos televisivos, juegos etc-.
Refiriendo al tema del desarrollo de la inteligencia emocional, es indispensable que los padres tengan una relación asertiva entre ellos y tengan, en caso de convivir una relación saludable de pareja. La relación entre las figuras parentales, sean o no pareja, deben ser con resolución asertiva de problemas, manejo de emociones, empáticas, con motivaciones y con facilidad para diagnosticarse y crear planes de mejoramiento.
De esta forma, los hijos aprenderán que la inteligencia emocional no solo es una cuestión de conceptos gaseosos que se recalca en las ocasiones en que existe algún tipo de conflicto, sino que es algo que esta inmerso en las vivencias cotidianas de la familia.