Crianza tóxica absorbente.

En el otro extremo de los padres negligentes, se encuentran los padres demasiado sobreprotectores, los cuales también han sido llamados como tóxicos absorbentes. Estos se caracterizan porque no se quieren separar de su hijo para que el menor pueda desarrollarse en los distintos niveles –afectivo, físico, adaptativo, lenguaje..-.

Dicha resistencia a la separación, la mayor parte de las ocasiones, es propiciada por la madre. Sin embargo, en unas cuantas veces, el padre hace parte de esta manera de crianza patológica. En este punto, ambas figuras parentales se oponen a que su hijo/a recorra el camino paulatino que lo llevará a la independencia.

Cuando la crianza tóxica absorbente es dada por la madre, esto puede significar una dificultad de la mujer por sentir que su hijo es un ser cultural, percibiéndolo como una propiedad privada. Al hacerlo, la figura materna se rehúsa que otra persona –padre, novio, abuelo..- se introduzca en ese vínculo fusional entre madre e hijo, y lo deshaga.

La madre tiene mucho temor por separarse o por pensar y sentir que su hijo podrá vivir sin ella. Sentir que no es indispensable para su hijo/a, genera mucha tristeza. Este estado afectivo displacentero se acompaña de la necesidad de asimilar emocionalmente las faltas que ella tiene y dedicarse a solucionar sus conflictos internos, lo cual no quiere llevar a cabo.

En caso que los dos padres tengan la crianza tóxica absorbente con su hijo/a, ellos dos se están beneficiando del poco distanciamiento que tienen con el pequeño, algo que puede darse para no enfrentar un vínculo afectivo disfuncional y desestructurado con su compañero/a sentimental.

Tal como la crianza negligente, la crianza tóxica absorbente puede obedecer tanto a disfuncionalidades individuales como aquellas referidas al vínculo entre las dos figuras parentales. Igualmente, en la crianza tóxica absorbente se da el vínculo de afecto inseguro, pero con otras peculiaridades de la crianza negligente.

En la crianza tóxica absorbente, la madre, el padre o los dos se encuentran dispuestos para satisfacer la totalidad de necesidades que tiene su hijo/a, incluso en más de las que el niño necesita. A pesar de esto, los adultos tienen muchas dificultades para hacer una separación que permita al infante tomar espacio para explorar por sí mismo.

Debido a la prohibición o resistencia de las figuras parentales, lo cual se puede interpretar como poca confianza, para que su hijo explore solo, el menor enfrenta lo novedoso, como algo a lo cual se debe temer, y al volver al lado de papá y mamá, ellos no lo recibirán conteniendo esas emociones de miedo, sino con respuestas que denotan intranquilidad, respuestas con las cuales el infante se identifica, apropiándose de dichos comportamientos.

El vínculo inseguro que los adultos tienen con su hijo, produce que él no tenga suficiente curiosidad o interés por explorar o conocer personas, fenómenos u objetos, puesto que no existe una estimulación adecuada para ello, antes por el contrario, es algo que desarmoniza.

Desarmonización que produce que su hijo disminuya sus acciones encaminadas a intentar explorar por sí mismo, afectando con esto, el desarrollo de las capacidades cognitivas y de lenguaje, y produciendo dificultades para la acomodación a un orden social –interiorización de una normatividad, adquisición de competencias blandas que permitan una relación funcional con los otros y con él mismo-.

Además de la escasa curiosidad por explorar, con el propósito de no desarmonizar a sus padres, el niño no tiene  muchas motivaciones por alejarse de sus padres, porque no siente vacíos o faltas. Todas las cosas que desea son concedidas por los adultos, de manera que no existe deseos por aprender.

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