Desde mi práctica terapéutica, he concluido que es de valiosa importancia hacer una evaluación propia, por lo menos una vez al año. Evaluación que debe contener una descripción de la relación con usted mismo, la relación con sus figuras cercanas –padres, pareja, hijos y amigos-, la descripción de su yo laboral, sus expectativas, sus conflictos actuales y la forma como los resuelve, sus fortalezas, debilidades, las oportunidades que le da el medio para crecer y las amenazas o peligros que este mismo medio le ésta dando a conocer.
Dentro de este proceso evaluativo, debe dejar un espacio adicional para referirse a los deseos actuales y como estos se acercan o alejan de los deseos de las personas con quienes convive o con las personas con las cuales tienes una relación afectiva, y la cuales necesitan que sus deseos coincidan.
Esta pequeña evaluación es indispensable para conocer su propia situación actual y poder hacer planes de mejoramiento, mediante la formulación de acciones que ayuden a incrementar las fortalezas y que disminuya las debilidades. De esta forma, este diagnóstico ofrece resultados positivos en las temáticas de sana convivencia con usted mismo y, con las demás sujetos y objetos que hacen parte de su medio ambiente, lo mismo que ayuda a encaminar sus esfuerzos para el logro de sus objetivos.
Un peligro al hacer esta evaluación propia es que no tenga mucha objetividad, por lo cual es necesario que otra persona pueda retroalimentar este esfuerzo personal. Alguien que lo puede hacer es una persona que ésta cercana a usted y que tenga un punto de vista crítico para darle su significado a lo que le estas compartiendo, o alguien que pueda ofrecer una escucha terapéutica, en caso que se tenga la disponibilidad de hacerlo, y pueda ofrecer retroalimentaciones más elaboradas con el objetivo de re significar ese diagnóstico y acercarlo más a tu verdad.
Como se dijo anteriormente, esta actividad se debe dar mínimo una vez al año. Empero, existen acciones no tan formalizadas que sirven para concientizarnos de nuestros deseos y conocer nuestra vida anímica actual. Herramientas como diarios, relatos hablados, textos escritos hacia uno mismo o hacia los demás que nunca se envían etc.
Los padres deben estimular en los hijos desde que ellos están pequeños, la comunicación con ellos mismos junto a estimular el hábito de evaluar su manera de comportarse y sus deseos de manera constante, lo mismo que incentivar planes de mejoramiento ante las posibles fallas y de fortalecimiento de sus cualidades.
Es necesario también que estos padres motiven en sus hijos la creación de herramientas donde puedan exteriorizar continuamente sus maneras de pensar y de sentir ante sus vivencias tanto internas como externas, herramientas que solo serán conocida por ellos mismos o por alguna persona que el hijo seleccione, en la medida de lo posible dentro de un espacio terapéutico.
En los primeros años de existencia, los padres deben guiar estos procesos autoevaluativos de sus hijos y guiar los compromisos que ellos desarrollen para lograr el mejoramiento. Igualmente, las figuras parentales deben darle seguimiento al cumplimiento de los compromisos que su hijo realizó.
Este ejercicio entre hijos y padres sirve para desarrollar un vínculo cercano entre ellos, formar al hijo en hábitos concernientes a la inteligencia emocional y estimular en los hijos la adquisición de competencias concernientes a orientación al logro, mejora continua planeación y organización etc.