Los trastornos alimenticios pueden tener múltiples causas, pero sin duda, estos trastornos comparten una significación disfuncional del alimento y del cuerpo. En cuanto a lo corporal, esta connotación inadecuada se puede observar en una imagen alterada del cuerpo y en una recarga de los componentes del sistema digestivo.
La recarga de los componentes del sistema digestivo se puede dar en la parte de deglución del alimento, algo que ocurre cuando se incentiva al vómito. Por otro lado, la recarga en los procesos de evacuación ocurre cuando se incentiva la micción y la evacuación de heces, mediante la toma de laxantes y diuréticos.
La connotación nociva del alimento y del cuerpo, tiene su origen en el primer vínculo afectivo que tiene el bebé, o sea la relación con su madre en la época del amamantamiento. Lactancia que se basa en la consecución del alimento y en las respuestas de la madre ante este proceso.
En caso que la madre conciba la lactancia como un proceso positivo básico para la formación de lazos afectivos fuertes con su hijo, provocando una respuesta continente hacia su bebé, él/ella se identificara con esta reacción y la adquirirá dentro de sus patrones comportamentales.
Por el contrario, si la madre no tiene una sana connotación en el proceso de dar seno a su bebé debido a diversas causas –creencia que el alimento que proporcionará a su bebé no será suficiente, creencia que la lactancia podrá dañar su cuerpo..-ella tendrá repuestas angustiantes y poco afectuosas con este proceso, conductas con las cuales el infante se identificara.
De esta manera, la figura materna con respuestas negativas ante la lactancia, ocasiona que su bebé tenga inconvenientes para representar esta función y su cuerpo de forma funcional, lo mismo que produce que su hijo no se sienta muy cercano emocionalmente a ella, y que interiorice conductas angustiantes y poco contenedoras, especialmente con el tema de la alimentación y con la conexión emocional con su madre.
El vínculo perjudicial entre madre e hijo con la oralidad, entendida esta como la acción de tomar pecho, puede tener como consecuencias a mediano y largo plazo, respuestas disfuncionales que se dan de acuerdo a la cultura y al sexo. De esta forma, las respuestas de los hombres se encuentran más ligadas a las adicciones, mientras que las repuestas de las mujeres se encuentran más asociadas a trastornos alimenticios.
La mayor probabilidad es que este vínculo insano no se mejore a través de los años, y antes por el contrario, puede estimularse más, logrando que la comunicación y expresión de afectos entre madre e hija, tenga como punto fundamental la alimentación.
El comer y el evidenciar culpa ante esta función, por lo cual necesita una purga, además de una relación insana entre madre e hija, puede denotar la no adquisición de herramientas emocionales con la consecuente generación de inconvenientes adaptativos y de bajo sentido crítico ante exigencias culturales que enfatizan la idealización de la belleza física y la relación de esta con la delgadez.
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