En estudios hechos en diversos países, el autoempleo y el por ende, convertirse en su propio jefe, resulta extremadamente atractivo para los sujetos que tienen un rango de edad entre 25 y 45 años. Estos resultados se asocian con el interés por tener su propio ritmo de trabajo junto a la desmotivación por laborar con un contrato indefinido, y gastar por lo menos la tercera parte de su vida, en un lugar y horario establecido.
La estabilidad no es un valor importante para las personas de estas edades, puesto que moverse de empresa en empresa, con la consecuencia posibilidad de ascensos laborales y crecimientos personales, genera mucha mayor satisfacción que quedarse fijado en un trabajo dentro de una única empresa, como sucedía en épocas pasadas.
Otra situación que se puede observar en algunos sujetos, es que aunque ellos tengan las posibilidades de pertenecer a una organización laboral, no están dispuesto a hacerlo o, por lo menos, no por un periodo de tiempo mayor a tres o cuatro años.
Este modo de pensar puede ser explicado desde dos puntos de vista: El social y el psicológico. Por el lado social, los niveles significativos de desempleo en gran cantidad de países, ha propiciado que las personas, con cierto grado de experiencia y/o con estudios superiores, necesiten inventarse formas de ganar dinero por su propia cuenta, diferentes al trabajo formalizado dentro de una empresa.
En cuanto a las explicaciones de tipo psicológico, la pertenencia a una organización exige ciertas características de personalidad que una cantidad considerable de los sujetos entre 25 y 35 años no tienen debido que presentaron, con sus figuras parentales, vínculos afectivos disfuncionales, más que todo en su primera infancia.
Para adaptarse emocionalmente a un colectivo de trabajo, el individuo debió haber internalizado esta figura dentro del núcleo familiar. Sin embargo, muchos no lo han hecho puesto que se han movido dentro de diversos vínculos afectivos fallidos de sus padres, algunos de los cuales implican convivencia. Además de estos lazos, los padres biológicos han sido incapaces de formar un equipo de trabajo para la formación de su propio hijo.
De esta forma, el sujeto no se ha sentido parte de algo por él mismo y tampoco ha observado que dentro de su entorno cercano, desde el punto de vista afectivo, se haya producido una relación de entendimiento y logro de acuerdos entre distintas personas.
Por otro lado, los grupos formados dentro las empresas, y mucho más si se ha complejizado en un equipo de trabajo, requiere la creación y el cumplimiento de variadas normatividades que permitan una sana convivencia entre su miembros. Leyes que muchos adultos entre 25 y 35 años tienen una enorme dificultad para interiorizarlas, o por lo menos obedecerlas, puesto que no lo han hecho dentro de sus hogares durante su historia.
Adultos que en su niñez no se concibieron parte de nada, y que adicionalmente, no tuvieron prohibiciones que les facilitaran adquirir habilidades para adaptarse a distintos ambientes, pueden tener rechazo y poco interés en colocarse laboralmente en una organización determinada.
La escasa motivación por ser parte de un colectivo y ganarse la vida con el autoempleo, puede ser consecuencia que los sujetos con edades entre 25 y 35 años, priman por un falso narcisismo en que se visualizan como centro del mundo e insustituibles.
Falso narcisismo que no es algo funcional que permite el desarrollo del sí mismo, resaltando cualidades sin pasar por encima de los demás. Este falso narcisismo, por el contrario, se exterioriza como medio que permite esconder problemas profundos de autoestima
La dificultad para adaptarse, por otro lado, ha producido ciertas fortalezas puesto que ha ocasionado que las personas de estas edades poseen alto nivel de creatividad, toma de decisiones e independencia, entre otras competencias, lo cual permite impulsar maneras particulares y efectivas de obtener ingresos y lograr la felicidad.