
El concepto de crianza negligente, también llamada crianza no involucrada, se caracteriza por la falta de capacidad de respuesta a las necesidades del niño/a. Los padres negligentes son ausentes de la crianza de sus hijos, descargando la responsabilidad de la formación de sus hijos, en otras figuras como son los abuelos, los profesores o el estado.
La crianza negligente se puede originar por muchos factores disfuncionales tanto del ambiente como de la personalidad de las figuras parentales. En referencia a las condiciones medio ambientales, el hecho que el hogar donde habita el niño tenga carencias monetarias, implica que los adultos laboren demasiado tiempo para poder pagar los gastos que permitan sobrevivir –vivienda, servicios públicos, alimentación..-, y por ende, descuiden los aspectos formativos del menor.
Ante esta incapacidad de padre y madre para ejercer de manera eficaz su papel, los adultos dejan la labor de la educación de sus menores en manos del estado, a través de instituciones educativas públicas o diversos programas extracurriculares con carácter formativo o de bienestar, exigen a los adultos mayores ejercer esta labor o muchas veces dejan a los pequeños la mayor parte del día en casa con supervisión de un hermano adolescente o sin control alguno.
En cuanto a los rasgos de personalidad de los padres que dan un estilo de crianza negligente, se pueden contar las pocas herramientas emocionales de los adultos para ofrecer continencia de afectos a su hijo, sus pocas capacidades para demandar que él adquiera una normatividad social, formarlo en competencias blandas, introducirlo de manera asertiva en la cultura…, y también se puede contar que el menor es procreado sin una motivación clara por los adultos o en un periodo de la vida en el cual no están preparados –los padres adolescentes, los padres en que el hijo es concebido como alguien que afectará su crecimiento laboral, los padres de mediana edad que quedaron embarazados por error en la utilización de métodos anticonceptivos.., se pueden convertir en figuras parentales negligentes-.
La crianza negligente, a modo de interpretar del autor, se encuentra asociado a los apegos inseguros. Ambas definiciones se desarrollan desde el primer año de vida, teniendo repercusiones en la forma en que siente y en que analiza tanto su realidad como su medio ambiente.
El apego inseguro-evitativo se caracteriza porque los niños lloran frecuentemente. Los menores no tienen confianza en la disponibilidad del cuidador o madre. Muestra poca ansiedad en la separación y poco interés en el rencuentro. El desapego hacia la madre puede significar dificultades emocionales. El cuidado materno se caracteriza por rechazo, rigidez, hostilidad y aversión de contacto.
En el apego inseguro-ambivalente, el niño muestra ansiedad al separarse de la madre pero no muestra tranquilidad cuando ella vuelve. La madre esta física y emocionalmente disponible solo en algunas situaciones. El niño no tiene mucha curiosidad de explorar
Las consecuencias que este tipo de crianza son niños que desobedecen y son agresivos. Ellos constantemente están desafiando a la autoridad. Estos niños tampoco se adecuan de manera asertiva a grupos, por lo cual pueden tener inconvenientes con sus amigos, el colegio o los variados colectivos en que participan.
En cuando a la parte emocional, al no sentirse queridos por sus mayores, los niños criados negligentemente, no tienen interiorizado el concepto de apego seguro y tienen muy poco desarrollo de competencias blandas, especialmente las empáticas