Demasiada proximidad de los padres con su hijo adolescente.

El quehacer de las figuras parentales se encuentra determinado por dos tipos de papeles o funciones: La función de contención de afectos y formación de competencias emocionales, y la función asociada a propiciar y exigir que su hijo interiorice una norma social que le permita adaptarse sanamente a los distintos ambientes.

Relacionado con estas dos funciones, los padres funcionales de adolescentes se caracterizan porque los acompañan, con su presencia o con su interés mediante un cuestionamiento constante, en las distintas actividades de su desarrollo. Estas figuras parentales también dan seguimiento a otras acciones de su hijo, sin meterse directamente en ellas pero exigiendo ciertos cumplimientos de deberes y obligaciones, y  los estimulan, con su confianza, para que sus hijos por ellos mismos, realicen actos y soluciones variadas a sus problemáticas.

Otros padres, los cuales se convierten en disfuncionales puesto que no incentivan un desarrollo adecuado de su hijo en sus distintas facetas, lo acompañan y quieren ser partícipes de la totalidad de actividades y grupos de los cuales su hijo forma parte, sin permitir que fortalezcan su independencia.

La explicación que los adultos dan a este modo de actuar es que quieren prevenir que su hijo adquiera adicciones, comportamientos antisociales o se agrupe en colectivos nocivos. Sin embargo, explorando con mayor profundidad, se logra concluir que estos padres son separados, tienen grandes inconvenientes de pareja, y desean revivir la adolescencia a través de la de su hijo.

Los padres que hacen esto, no pudieron asimilar emocionalmente la cancelación de su propia adolescencia. Ellos quieren repetirla nuevamente puesto que quedaron fijados o enganchados en dicho periodo, sea porque quieren volver a sentir la  demasiada satisfacción que tuvieron en esta etapa,  o porque recibieron muy poca gratificación y quieren transformar esa realidad del pasado.

Estas figuras parentales se involucran tanto con su hijo que pierden cualquier espacio de distanciamiento que ha de darse en una relación emocionalmente sana con su descendiente, y además, comparten tanto que el adolescente comienza a sentir competencia con su padre o madre por tener un mejor desempeño en las actividades que llevan a cabo juntos, y por tener la preferencia de sus amigos y/o pareja.

Del mismo modo que el hijo adolescente compite con su padre o madre, estas figuras también ejecutan este “juego inconsciente” con su hijo, devolviéndose a su propia adolescencia, originando la perdida de la perspectiva de quien es -la autoridad y una figura capaz de contenerlo emocionalmente en caso de necesidad o requerimiento del menor-, por lo cual se convierten en un par para el púber.

Comportándose como un competidor para su hijo, el adolescente dejara de tener confianza en la figura parental puesto que lo siente como un rival, y esta situación afianzará el distanciamiento normal que existen entre padres e hijos en esta etapa del desarrollo.

Dicho padre o madre que actúa de esta manera con su hijo, no ofrece refugio al adolescente, en caso que él lo necesite, por lo cual su hijo,  ante alguna situación conflictiva que no puede manejar, intentará buscar protección en su vida imaginaria o en algún comportamiento disfuncional como la televisión, adicciones, juegos.. y no intensificará las competencias emocionales puesto que no existe una sana relación con sus padres

La pérdida de distancia, que igualmente se asocia a escasas líneas de autoridad, genera como resultado que el adolescente se sienta en el mismo lugar que sus padres. Un par, por lo cual la figura parental no tiene mando para dar direccionamientos, orientaciones o exigir el cumplimiento de normas.

Esto puede ocasionar en el adolescente ciertos inconvenientes en la redefinición de la normatividad infantil, a través del concepto de moral, la ejecución de acciones manipulativas y actos por fuera de la ley…El púber siente que, al tener  la misma línea de autoridad con sus padres, quienes son los representantes de la ley, él también es la autoridad, pudiendo llevar a cabo los actos que desee.

El hecho que el adolescente se sienta en el mismo lugar de sus padres, puede propiciar que el menor de edad tenga un sinnúmero de disfuncionalidades a nivel emocional –ataques de ansiedad, la base para adquirir trastornos depresivos, somatoformes…-, puesto que se concibe con demasiado derechos y responsabilidades que su inmadurez afectiva no le permite manejar sanamente.

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