
Existen diversas razones de tipo neurobiológico, al igual que motivos psicológicos y sociales en el adolescente que pueden estimular la procastinación de sus acciones – acto de posponer una actividad que debe ser realizada con un alto o cierto grado de celeridad-.
En cuanto a las razones neurobiológicas, estas son tres: La inmadurez de la corteza pre frontal, por las cuales el adolescente no tiene una anticipación adecuada de las consecuencias, produciendo que decida realizar comportamientos riesgosos.
De esta forma, el púber ejecuta conductas de este tipo –riesgosas-, cuyo resultado es la obtención de un placer momentáneo no mediado por el marco normativo y organizado. Placer espontaneo contrario a la acción de anticipación que promueve tanta resistencia en las personas que se encuentran en estas edades.
El desequilibrio emocional producto del trabajo en demasía del sistema límbico, genera que el adolescente tenga poca capacidad para objetivizar y mucha para subjetivizar, lo cual se relaciona con la necesidad de centrar su accionar en la búsqueda de ese placer espontaneo y momentáneo, dejando a un lado las labores en las cuales ha de planificar y realizar sus tareas antes de lo solicitado, anticipándose a las consecuencias negativas de no hacerlas o ejecutarlas en último momento.
La tercera razón se refiere a la alta producción de las hormonas sexuales, por lo cual el púber pone demasiada atención en las relaciones con el sexo contrario y la consecución de un alto atractivo que permita la preferencia y la posterior seducción de su posible pareja, dejando a un lado las demás temáticas o posponiendo las otras actividades esenciales para su desarrollo funcional.
Por el lado de las variables psicológica y social, los adolescentes buscan la aceptación de un grupo al cual pueda pertenecer, lo cual utiliza como medio para adquirir cierta independencia de sus figuras parentales sin mayores traumatismos. El colectivo permite disminuir las emociones displacenteras del individuo en el proceso de separación con sus primeros objetos de amor.
Tanto las acciones encaminadas a la seducción como aquellas encaminadas a pertenecer a un colectivo que ayude a formar su identidad, son concebidas como prioritarias, promoviendo que el adolescente desee ocupar la totalidad del tiempo es estas actividades –hablar por celular, chatear, encontrarse con amigos-.
A pesar que la realización de estos deseos no genera caos a nivel social, su cumplimiento inmediato procura incomodidades hacia los otros, puesto que los adolescentes dejan de cumplir sus obligaciones como organizar su habitación, encargarse de los cuidados de la mascota etc.
Además de lo anterior, la dificultad del adolescente por posponer la satisfacción encontrada en este tipo de actividades, atenta con su proyecto de vida, en la medida en que resta tiempo para el aprendizaje de habilidades referentes a su vocación, las cuales podrán ser esenciales en un futuro.
El adolescente se mueve en el sector cuatro de la matriz de Covey, sector de trivialidades, de la pérdida del tiempo –los cuatro sectores de dicha matriz fueron explicados en el escrito anterior-, tanto en su tiempo libre como en el tiempo dentro de las institución educativa o en el concerniente a las actividades extracurriculares.
Tener atracción por este sector cuatro es algo normal dentro de los adolescentes, especialmente aquellos que tienen una alta desconexión con sus propias motivaciones, o por lo menos la direccionalidad de estas, puesto que proporciona la idea de un sentido de diversión y esparcimiento.
Efectivamente, estas acciones tienen estos objetivos, necesarios para un desarrollo funcional del adolescente, pero que requieren ocupar la mínima proporción de tiempo en comparación con las actividades escolares y con las actividades formativas independientes de los planes curriculares, estas últimas que deben tener linealidad con los deseos de los púberes.
De esta forma, se puede observar que el adolescente tiene motivos en su desarrollo para procastinar –posponer para un futuro acciones que se necesitan realizar en el presente-. Empero, esto se puede transformar hasta lograr que los sujetos de estas edades tengan una adecuada formación en su capacidad de anticipación.
Dicha formación necesita ser dada por los padres desde que su hijo esta en la primera infancia mediante la enseñanza de la matriz de Covey, acompañada de un vínculo afectivo estructurado entre el hijo y sus dos padres, de tal manera que el pequeño pueda distinguir y significar como esenciales los dos primeros cuadrantes puesto que obedecen al modelamiento dado por sus padres –primeros y más valiosos objetos de amor-, y defina con menos importancia los cuadrantes 3 y 4, aunque reconozca que estos no se pueden suprimir totalmente. Formación que se incrementara en el periodo de la adolescencia con la proactividad que los padres tengan en la terminación que su hijo haga del proceso de adquisición de una norma social -cumplimiento de reglas y el desarrollo de ciertos deberes-, el descubrimiento de los motivaciones de su hijos junto con la exigencia para ocupar tiempo en la realización de actividades concernientes a estos deseos, y en el desarrollo afectivo armónico que permita la contención de afectos y la complejización en la enseñanza de competencias blandas