
Las transformaciones neurobiológicas, psicológicas y sociales del adolescente, junto al duelo no tramitado funcionalmente, en la mayor parte de las ocasiones, por la pérdida de la niñez, puede sacudir de forma intensa la interiorización que este sujeto haya hecho de la competencia de responsabilidad durante sus doce primeros años de vida.
Por esta razón, si el niño ha tenido bastantes manifestaciones de esta fortaleza durante el periodo de su infancia, probablemente la disminuirá en la adolescencia mientras soluciona su crisis de identidad producto de las situaciones nombradas en el primer párrafo.
Cuando sucede la disminución en la intensidad de sus actos responsables, los padres requieren empatizar con su hijo adolescente mediante la comprensión y la aceptación que este es un periodo normal de desarrollo. Sin embargo, esto no significa que dejaran de instarlo y exigirle ciertos rendimientos mínimos en sus actividades.
Resultados que de no presentarse, darán lugar a castigos vinculados con restricciones de aquellas actividades que son de su agrado –uso del celular, acceso a la televisión, reuniones con amigos…-. Dichas correcciones deben ser acordadas entre los dos progenitores.
En caso que el adolescente haya demostrado, durante su infancia, comportamientos cercanos a la irresponsabilidad, este patrón de conducta se puede exacerbar hasta tal punto de presentarse realidades como la pérdida de años escolares, incumplimiento de compromisos significativos, acciones contra su integridad emocional o física o acciones que atenten contra la sana convivencia.
La no asociación que, el ahora puber, implementó de los actos responsables con las satisfacciones internas que promueven estos actos, puede tener su origen en vínculos disfuncionales que el hijo tuvo con sus figuras parentales en los años de su niñez, más que todo durante la primera infancia.
Lazos afectivos que tienen facultad para convertirse en sanos, en la medida que exista un proceso terapéutico que explore en el adolescente, su verdad acerca de estas representaciones con tintes negativos, posibilitando la creación de nuevas maneras de procesar la información, y por ende, una interiorización adecuada del concepto de responsabilidad.
La “nueva” definición de responsabilidad que ha creado el adolescente solo se da a través de un vínculo afectivo con un otro terapéutico, quien es significado como una figura que proporciona continencia pero también exigencia, a diferencia de como concibe a sus padres reales.
De esta forma, la relación funcional con el profesional de la salud mental, ocasiona que el adolescente modifique la representación de unos padres que ofrecieron a su hijo afectos insanos, por una imagen de padres que proporcionan contención a su descendiente, pero que al mismo tiempo exigen que él se apropie de sus propios actos, los cuales solo tendrán consecuencias para su integridad.
Así, el adolescente que ha estado dentro de una escucha terapéutica interpreta que las consecuencias de sus actos son para él, y no para sus padres, por lo cual decide comportarse responsablemente, dejando la motivación por vengarse de los adultos o llamar la atención de ellos mediante la realización de acciones nocivas.
Dicho proceso, además de tener una influencia directa sobre el adolescente, también permite el mejoramiento en los vínculos que ha tenido el menor con sus figuras parentales, puesto que les exige a los adultos movimientos psicológicos internos que se ven reflejados en conductas alrededor del progreso.
Desde esta perspectiva, el adulto tiene mayores capacidades para tener una conexión emocional con su hijo, con sus actividades, dándole un lugar significativo en su mente, algo necesario para que el menor haga caso de sus exigencias sobre los comportamientos responsables que debe tener.
La enseñanza de esta competencia –responsabilidad-, fuera de tener como base lo expuesto anteriormente, se edifica con la observación que los adolescentes hagan de unos padres que demuestran esta cualidad en su vida tanto personal –relación consigo mismo, con sus pareja e hijo, amigos, motivaciones…- y en su quehacer laboral.