
Con la formación de la empatía en el niño, el menor adquiere la capacidad para vaticinar movimientos en los grupos de los cuales hace parte, por lo cual el pensamiento estratégico se desarrolla. A pesar de esto, dicho pensamiento no solo se debe manifestar en la capacidad sino que lo tiene que hacer en acciones de mejoramiento.
Además de estas facilidades empáticas, los padres en conjunción con la institución educativa, necesitan enseñar herramientas formales al adolescente para que logre un diagnóstico certero tanto de sí mismo como de los grupos en los cuales hace parte, lo mismo que la enseñanza de conceptos básicos de planeación –misión, visión, objetivos, estrategias, actividades e indicadores-.
De esta manera, el pensamiento estratégico basado en la racionalidad –adquisición y aplicación de conceptos-, se integra con el pensamiento estratégico conseguido por la capacidad de lectura de las emociones propias como de los demás. Esto permite una anticipación del futuro con mayor cercanía a la realidad y la estructuración de acciones a las cuales se enfocarán los esfuerzos.
El pensamiento estratégico del adolescente necesita ser exteriorizado en la medida en que los padres estimularán en su hijo, cuando él cumpla doce años, la comunicación de sus fortalezas, debilidades y sueños. Manifestación que servirá para que los adultos empiecen con él diversas acciones para el mejoramiento de sus cualidades, la disminución de sus puntos frágiles y la consecución de sus intereses.
Además del seguimiento continuo de padre y madre en las actividades diarias de su hijo, cada cierto tiempo los mayores deben revisar el nivel de ejecución de las actividades planeadas por el menor en su proyecto individual, analizar las causas que se tuvo ante algunas acciones no cumplidas o no empezadas, y tomar ciertas medidas para el mejoramiento.
Las actividades de este tipo que los adultos realicen con sus hijos adolescentes necesitan vincularse con aspectos que los motiven a ellos para que no sientan estos espacios formativos de tiempo compartido con los padres como una obligación sino como algo que permitirá mejor calidad de vida para sus hijos.
Por esta razón, los adultos requieren coordinar este proyecto con la institución educativa de manera que exista una complementación de enseñanzas y de tareas, por lo cual el adolescente encuentre sentido en la interiorización de estos nuevos conceptos.
Es necesario aclarar que los espacios formativos que los padres dediquen a esta labor de desarrollo de las competencias de planeación y de pensamiento estratégico, son independientes de los ambientes de introspección familiar, de compartir vivencias y de esparcimiento.
El desarrollo de la competencia del pensamiento estratégico, lo mismo que de la capacidad de organización y planeación –competencias muy relacionas- debe ser un proyecto integrativo entre entidad educativa y familia, de manera que con el transcurrir de cada año se exijan mayores niveles y se ofrezcan mayor cantidad de aproximaciones conceptuales pero también se dé la oportunidad de algún cambio.
Proyecto integrativo que implique la creación de refuerzos para que el adolescente pueda estructurar una planeación eficaz desde el punto de vista conceptual y emocional, y que la logre llevar a la práctica en un tiempo determinado. Este proyecto deberá tener el asesoramiento constante de los profesores y de los padres de familia.
En caso que el adolescente no alcance el logro deseado en cada año lectivo, la institución educativa deberá poner planes de mejoramiento que el alumno deberá ejecutar con el acompañamiento de sus padres, permitiendo el desarrollo de la competencia y del vínculo emocional entre padres e hijo.