El escaso deseo del adolescente por compartir espacios de tiempo con su familia.

Tal como se ha dicho en escritos anteriores, los pre-adolescentes y adolescentes están conscientes de su incapacidad para enfrentarse al mundo de manera solitaria, por lo cual deciden formar o pertenecer a grupos que desarrollen las mismas funciones de sus figuras parentales: Protección, soporte emocional, y a la vez comportamientos regidos por cierta normatividad interna.

Este proceso normal dentro del desarrollo individual tiene como una de sus principales consecuencias que el sujeto signifique su grupo de pares como su nueva “familia”, queriendo olvidar, o por lo menos dejar a su lado, a su familia nuclear y pretendiendo significarlos como extraños.

Estos comportamientos de los adolescentes, que algunos padres de familia llaman de desprendimiento e ingratitud, pueden causar desequilibrios emocionales en los adultos, algunos de los cuales casi imploran a su hijo para que comparta actividades con sus padres.

Empero, algunos adultos no se han dado cuenta que, adicional a las fenomenos naturales del periodo de la adolescencia, en los cuales la familia pierde importancia respecto de su colectivo, los puberes tienen más resistencia a compartir tiempo, espacios, afectividades y dialogos con unos padres con los cuales no ha compartido vinculos afectivos seguros, o sea lazos emocionales cercanos y con funcionalidad, en los años de la niñez.

En este caso, los padres necesitan hacer un esfuerzo superior por recuperar el tiempo perdido, no solo exigiendo que el adolescente comparta tiempo de calidad con ellos, sino creando y desarrollando en su hijo la competencia de trabajo en equipo.

Competencia que se puede desarrollar intensificando la participación activa del adolescente en algunas dinámicas del hogar que no se encuentren asociadas con las responsabilidades o las temáticas de adultos, lo incentive para expresar sus puntos de vista o maneras de sentir, interesarse por lograr acuerdos para la ejecución de algo o liderar algún tipo de proyecto recreativo y/o de bienestar y estimule al menor para disfrutar y demandar espacios de diversión con los adultos, los cuales desee repetir nuevamente,

Así, los padres podrán involucrar a su hijo adolescente en las decisiones referentes a algunas vacaciones, planes dominicales, y en el expresar su sentir ante diversas cuestiones que afecten a toda la familia, lo mismo que deberán darle más responsabilidades dentro del entorno familiar…, las cuales permitirán distribuir tareas, contribuyendo al equilibrio de la unidad.

Dichas  nuevas responsabilidades del adolescente se planearan mediante un acuerdo entre los dos padres, y su ejecución no debe ocasionar ninguna dificultad a su hijo para el desempeño óptimo de su actividades educativas y grupos extracurriculares de formación.

Acerca de tomar en cuenta sus análisis y emociones para ciertos tópicos, los padres de familia deben incentivar en los hijos, la proactividad para comunicarlos, siempre y cuando, estas  expresiones sean a través de un discurso asertivo y con planteamientos desarrollados –planteamientos no solamente ligados a motivaciones particulares, tomando en cuenta la totalidad de la familia participante, con un análisis  estructurado propio de su edad-.

Estos tópicos se relacionan con los aspectos concernientes al grupo familiar, diferente a los asuntos sobre la interacción entre los padres. En cuanto a la socialización de los aspectos referentes las figuras de autoridad, solo se permitirá a los hijos la exposición de su manera de sentir,  cuando la relación entre adultos sea conflictiva y afecte la estabilidad psicológica de los hijos adolescentes.

 Sobre la incentivación que los padres realicen para la participación de su hijo en la escogencia de ciertas cosas, los adultos deben recalcar a su hijos que la importancia que se le otorgue a su participación, depende de la investigación y la presentación de sus argumentos.

Por esta razón, las primeras participaciones serán guiadas por los padres mediante ciertos rituales y actividades didácticas que permitan crear en sus hijos el gusto por esta actividad. Dicha actividad guiada comenzara en el periodo de la niñez, de manera que en la pubertad esta manera de comportarse, se haya convertido en hábito.

En cuanto al disfrute y la demanda que el adolescente haga de espacios de diversión y esparcimiento, se puede planear y ejecutar determinado tiempo semanal para una actividad –comida, juego, cine- y un tiempo del día a día encaminado al dialogo, al compartir experiencias, a la formación, indagación de las actividades estudiantiles…

La principal conclusión de este escrito es que los padres deben aceptar que en la adolescencia, su hijo tendrá menos ánimo y disponibilidad para compartir tiempo con su familia nuclear y/o familia extensa. Sin embargo, este tiempo y espacios familiares no se pueden dejar perder y, además de ser obligatorio, su motivación dependerá de cómo los padres hayan creado en la mente de su hijo, desde que él era pequeño, el concepto de equipo de trabajo y de consciencia de familia

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