El juego simbólico.

El estudio sobre el desarrollo de las estructuras de pensamiento de los infantes, permite saber que el niño a los dos años comienza a desarrollar su capacidad para realizar juegos simbólicos, o sea aquellos juegos en los cuales él/ella define a los objetos por su función y no por sus características físicas.

El juego simbólico no solo es posible con objetos sino que también se hace con sujetos. En cuanto al juego simbólico con objetos, se pueden observar juegos en que unas fichas de parques son utilizadas, por el niño, como carros. En cuanto al juego simbólico con sujetos, se puede observar como el niño puede ser un médico o un bombero.

Estos juegos simbólicos también permiten que el objeto funcione como sujeto o el sujeto como objeto. De esta forma, se puede observar como dos fichas de parques pueden ser dos personas hablando, o como el niño puede actuar como un carro de carreras.

Los juegos simbólicos son una herramienta fundamental para que el niño/a disminuya su nivel alto de egocentrismo, propio de la época de la infancia, puesto que infante deja de comportarse como es, comportándose como el objeto o sujeto al cual representa.

Además, el juego simbólico es una actividad que produce bienestar para el niño, y puede producir gran acercamiento emocional con la persona con la cual esta jugando. Así, el niño y el adulto se vuelven cómplices o aliados en un espacio que ofrece la posibilidad de múltiples enseñanzas.

Por parte del niño, el juego simbólico puede producir mejorar el vínculo afectivo con el adulto, desarrollar más su lenguaje, incentivar su imaginación, deshacerse de su egocentrismo característico, aunque sea por un tiempo limitado, aprender a trabajar en conjunto, incentivar sus capacidades cognitivas, contribuir a su desarrollo emocional entre otras cosas.

Por parte del adulto, el juego simbólico permite incentivar el vínculo afectivo con el menor, mejorar el conocimiento que tenga de él, enseñarle de manera didáctica ciertas normatividades que permitan aumentar sus habilidades de adaptación y su lenguaje.

Los juegos simbólicos son actividades que estimulan el desarrollo cognitivo, siempre y cuando, se complejicen en la medida que el niño crezca. Así, esta actividad a los dos años, debe ser una actividad sencilla rodeada de pocas variables, mientras que a los seis años, el juego simbólico necesita ser más complicado para motivar al niño e incentivar mayores procesos de pensamiento en él. Estos juegos simbólicos a los seis años pueden ser en espacios abiertos con características especiales de cada personaje.

Los juegos simbólicos también tienen utilidad terapéutica en la medida en que él niño/a esta mostrando la realidad y los pensamientos que tiene actualmente, por lo cual, esta herramienta permite explorar tanto el medio familiar del infante como su interior. En este tipo de juegos, los niños exteriorizan las diversas situaciones conflictivas o traumas que están sufriendo.

De esta forma, se puede concluir que los juegos simbólicos son una actividad de mucha utilidad para el desarrollo social, cognitivo y afectivo del niño. Herramienta esencial que los padres de familia no deben dejar a un lado para lograr desarrollar un mayor vínculo afectivo con su hijo, y al mismo tiempo para conocerlo mejor.

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