El mito del alma gemela es recogido por primera vez por Platon, quien se refiere a él, diciendo que la deidad Zeus dividió al ser humano por la mitad, como castigo por el orgullo de la humanidad, y para duplicar el número de humanos que adorarían a los dioses. Esto habría generado mucha tristeza y la muerte en los humanos, por lo cual Apolo los cosió, en todas partes, exceptuando sus genitales – según la historia mítica, cada ser humano poseía dos genitales que podían ser dos masculinos, dos femeninos o genitales andróginos, o sea uno masculino y otro femenino.
Los sujetos anhelaban tener su otra mitad genital, algo que les diera unicidad nuevamente. De manera que cuando se pudieran reunir otras vez, esos genitales separados, se produciría un estado de bienestar superior, debido a lo ocurrido en este encuentro.
Este fue el mito original, el cual cambio con el tiempo hacia una connotación de un vínculo afectivo indisoluble a través del tiempo, especialmente ligado al romanticismo. Esta transformación implica que la unión de almas gemelas es algo aprobado por los dioses y que se da a pesar de las distintas diferencias que pueden existir entre los dos.
Las personas que creen en esta modificación del mito de alma gemela, significan que el sujeto esta predestinado a tener solo una pareja ideal, y de no encontrarla, la persona será desdichada para siempre. El alma gemela representa la única manera con la cual el ser humano puede alcanzar la completud y ser feliz.
De esta forma, cuando se encuentra el alma gemela, hay que ejecutar acciones para conservarla, aun haciendo sacrificios, algunos de los cuales pueden implicar ser pasivos en caso que esa “alma gemela” atente contra la integridad física y/o psicológica.
Las diferentes instituciones religiosas han colaborado en el mantenimiento de este mito, llamándolo de otra manera, pero queriendo expresar que aunque hayan actuaciones dentro del matrimonio, que dejan una gran herida a la convivencia de los dos, y al equilibrio emocional de cada uno, se deben aguantar y perdonar porque “lo que ha unido dios, no lo debe separar el hombre”.
El mito modificado del alma gemela se ha guardado en la memoria colectiva del humano, y por ende se encuentra en el sistema límbico, no mediado por el lenguaje pero que ha determinado el accionar individual. Empero, el discurso religioso, ha puesto esta historia al alcance de la consciencia.
Esta puede ser una de las principales razones por las cuales las personas adeptas a algún tipo de religión, especialmente las mujeres, han soportado con apatía las ofensas que sus cónyuges han hecho –maltrato, infidelidad…-, pretendiendo cambiarlas con resignación, abnegación y postración.
El mito del alma gemela, concebido por las iglesias con otro nombre, ha permitido que se sostengan las uniones maritales y de hecho, a través de los años. Sin embargo cabe la interpretación acerca que el costo de esto, es un altísimo desequilibrio emocional de los adultos asociado a una formación disfuncional de los hijos.
En efecto, en la medida que uno de los cónyuges o los dos, basen su vida en pareja en el aguante de los comportamientos con suficiente intensidad negativa del otro, no se produce el deseo o las condiciones necesarias para una convivencia armoniosa entre dos.
Aunque no exista este deseo, algunas parejas pueden lidiar con esta dinámica conflictiva sin desequilibrarse, lo cual puede generar la conclusión que existe un movimiento inconsciente reprimido que sostiene estas uniones, no permitiendo que sus miembros se desestructuren emocionalmente.
Dicho movimiento se encuentra asociado a la repetición de las interacciones patológicas observadas en su familia nuclear, y de las cuales fue participe. Interacciones que sirvieron para categorizar un amor de pareja ligado a la violencia, adicción, maltrato, dominancia….