
Algunas mujeres han decidido con su pareja, antes del embarazo o en algunas etapas del desarrollo de su hijo, que dejarán de trabajar en labores remuneradas, para tener la capacidad de atender la totalidad de las necesidades de sus descendientes. Decisión que ciertos sujetos del sexo femenino han tomado voluntariamente, y otras lo han hecho respondiendo pasivamente a la presión de su compañero sentimental y/o el padre de su hijo.
Esta forma de comportamiento, aunque sea vanagloriada por diversos individuos, no es saludable desde el punto de vista emocional para la madre, puesto que su estabilidad y equilibrio afectivo, dentro y fuera del hogar, son determinados casi que únicamente por su función de ser madre.
Ellas se dedican con tanta vehemencia a esa labor –ser madre- dejando a un lado las otras facetas de desarrollo de su personalidad, y encaminando su proyecto de vida junto al logro de objetivos solamente en conseguir el alto y sano desarrollo de sus hijos en la totalidad de los niveles –adaptativo, afectivo, cognitivo, lenguaje, social..-.
El alto y sano desarrollo los hijos es factible que se consiga con este tipo de dinámica. A pesar de esto, la figura materna puede también formar alianzas no sanas con ellos, impidiendo que se formen adecuadamente e incentivando puntos de desunión con su pareja, tal como se explicó en escritos pasados.
Aceptando y siendo conscientes que el primordial y casi único objetivo en la vida es ser madre, esta mujer en la medida que sus hijos se van independizando, pueden caer en tristezas, estados depresivos, comportamientos conversivos o conflictos constantes con su pareja entre otras cosas, porque siente que pierde utilidad en el entorno familiar, y se esta concibiendo a ella misma como una persona sin valor.
La situación del nido vacío tiene un efecto más determinante en mujeres que no han tenido el deseo de acceder al mercado laboral puesto que su autoestima se ha basado casi que exclusivamente en ser una figura necesaria para el normal crecimiento de sus hijos.
Tanto la vida interna como las interacciones que la madre tiene en estos instantes del nido vacío, pueden convertirse en amenazantes puesto que existe miedo y ansiedad, incluso con ataques de pánico y ansiedad, por enfrentar las situaciones presentes en las cuales sus hijos no están involucrados, o cuando piensan en los sucesos futuros sin ellos –las conversaciones y los espacios compartidos con su pareja, sus actividades diarias..-
Debido a las emociones negativas que pueden estancarlas como sujetos, este tipo de madres requieren de un proceso terapéutico que les permita resignificarse y encaminar la situación del nido vacío hacia objetivos positivos para el crecimiento y el fortalecimiento de ellas mismas y/o de sus parejas.
Algunas madres no quieren asumir esta falta, este duelo, esta pérdida de su yo con la independencia de su hijo, se niegan a realizar procesos terapéuticos y se niegan a redefinirse como sujetos, cayendo en estados afectivos y comportamientos disfuncionales, los cuales pueden adicionarse al desequilibrio hormonal producido por la menopausia, la cual esta cerca de llegar o se encuentra en todo su furor.
Una de estas conductas esta relacionada con no aceptar que su hijo esta en el camino de independencia o ha finalizado este proceso, haciendo peticiones demasiado simples, extrañas o teniendo reacciones de víctima para llamar su atención.
La renuencia de participar en un tratamiento psicológico puede deberse a múltiples motivos. El poco deseo de la madre por enfrentar su dolor y darle otro direccionamiento a su vida, el temor para hablar de su vida actual en pareja, los pocos deseos que tiene por aprender, y así no manipular a los hijos con su presencia y/o atención…
Empero, la mayor resistencia de la madre con la iniciación de este tipo de procesos, esta asociado con el poco deseo de enfrentarse con ella misma, teniendo interpretaciones y recibiendo retroalimentaciones del terapeuta acerca de su realidad.