Datos arrojados por la organización internacional del trabajo en 2017, muestran que el 35% de la población desempleada del mundo son jóvenes entre 15 y 24 años, de los cuales más de la mitad de ellos son adultos jóvenes –los adultos jóvenes se encuentran en un rango de edad entre 18 y 25 años-.
Esta cifra tan alta puede interpretarse de múltiples formas. Una de ellas es que cada vez más adultos jóvenes tienen menos probabilidades para lograr su independencia de las figuras parentales, aunque hayan desarrollado una inteligencia post formal, aunque tengan un sentido de vida claro, aunque tengan estudios superiores y aunque tengan una estructuración socio afectiva de su personalidad.
De esta forma, el fenómeno económico del desempleo puede condicionar la posición que los padres tomen ante su papel de figuras normativas y de contención de afectos. Condicionamiento en el sentido que estas figuras ofrecen posibilidades para que su hijo se quede más tiempo en la casa sin exigir a él/ella dejar su hogar, o por lo menos realizar actividades que ayuden al mantenimiento de la familia.
El desempleo como situación que se ha acrecentado en los últimos setenta años, ha generado efectos al interior de los núcleos familiares tanto nucleares como extensos. Una de estas consecuencias es que los padres no han demandado el crecimiento emocional de su hijo, permitiendo que él/ella haya estancado su madurez afectiva en la adolescencia.
A pesar que los padres han propiciado que sus hijos se queden fijados en la adolescencia, las figuras parentales los han visualizado como adultos en muchos otros aspectos, de tal manera que no vuelven a hacer seguimiento en las distintas facetas o contextos en que se desenvuelven.
Contradicción que ocasiona que los hijos no tengan la presión para salir de su zona de confort familiar y ocasiona que ellos puedan tener comportamientos manipulativos con sus figuras parentales, con el objetivo de conseguir determinados beneficios no ganados por su esfuerzo.
Así, estos adultos jóvenes, han demorado su proceso de maduración por causas sociales, las cuales no han permitido que él/ella tengan su independencia y con ello tengan que solucionar sus propias problemáticas, manejar sus conflictos y tomar sus decisiones.
Independencia que tampoco ha sido estimulada por el ambiente familiar, puesto que sus padres no han exigido que sus hijos se encarguen de diversas responsabilidades dentro de la casa mientras se encuentra en la búsqueda de empleo.
Aunque los hijos adultos jóvenes tengan ciertos aspectos ligados a su zona de confort que no quieren perder, ellos sienten angustia y ansiedad por la falta de oportunidades laborales, algo que puede descompensarlos emocionalmente, ocasionando algunas reacciones descontroladas, que no son capaces de manejar debido que no han superado el periodo de su adolescencia.
En este punto de crisis, es el momento ideal para que las figuras parentales enriquezcan el lazo afectivo con su hijo, de manera que puedan ejercer el papel contenedor y orientador tanto de sus emociones como de sus proyectos, pero también requiriendo que cumpla ciertos deberes, no monetarios, tanto en la realización de tareas del hogar como para el acompañamiento de sus padres o hermanos en diversas labores que se requieran.
La contención y orientación necesita estar ligada con aspectos referentes a la planeación de un proyecto de vida, en el cual se pueda conocer la percepción que el hijo tenga de sí mismo, sus motivaciones y cómo será el proceso para alcanzar estos deseos.
Las características del proceso de la intensificación del vínculo emocional entre padres e hijos, dependerá de cómo se haya dado a través de las diferentes etapas de crecimiento, por lo cual entre más distancia emocional haya habido más tiempo tardará en formar este enlace de confianza que permitirá la generación de alternativas viables ante esta falta de empleo.
El acercamiento emocional entre padres e hijos junto a la responsabilidad tomada por el adulto joven en labores de la casa permitirá que él/ella resignifique su lugar dentro del hogar, y con ello tenga más herramientas emocionales que le permitan la consecución de un empleo o la realización de planes alternativos viables que permitan obtener ingresos y escalar en el proceso de independencia económica.