
Cuando el hijo adolescente convive en el mismo hogar con ambos padres que tienen un vínculo de pareja funcional, el deseo de los mayores prevalece y el menor se debe adaptar a ese deseo o puede buscar alternativas para modificar el interés de los padres, y lograr con esto, inclinar la decisión hacia su querer.
Debido a la primacía de la voluntad de las figuras parentales dentro del hogar, los hijos requieren encontrar otros espacios en los cuales su palabra tenga un alto valor. Espacios manejados por sujetos con capacidad para contener emocionalmente la rebeldía de los adolescentes y encaminar dicha característica –rebeldía- hacia el logro de propósitos positivos.
Desde este ese punto de vista, los docentes, tanto en su saber como en sus competencias personales, deben incentivar la expresión del adolescente y necesitan tomar su palabra, o por lo menos hacerle creer que esta, tiene un valor importante.
Valor significativo que se da por el hecho que el adolescente forme parte del grupo de estudiantes bajo su dirección, y no por el hecho de ser un alumno destacado. De esta forma, la totalidad de los adolescentes pertenecientes al grupo interiorizaran acerca que el docente tiene la misma empatía y afectos por cada uno, no generando razones para la presentación de sentimientos y emociones negativas profundas –celos, envidia, rabia, tristeza…-.
Otro profesional en que el adolescente necesita sentir que su palabra tiene bastante nivel de importancia es el terapeuta y/o el psicólogo, quien guiara el proceso para que el adolescente, al hablar tanto de su ambiente como de sí mismo, otorgue otro significado a su mismisidad, generando transformaciones que potencien fortalezas, disminuyan debilidades, incentive la solución de sus inconvenientes..
Tanto el psicólogo como el docente, se pueden convertir en puentes de comunicación entre los padres y el adolescente, pues estos profesionales, cada uno desde su rama, adquieren una alta credibilidad en la mentalidad del menor, lo mismo que una ligazón afectiva importante con él, propiciando que confíe en ellos y desee incorporar para sí mismo aquello enseñado por los adultos, sin que se presente la rebeldía natural de los hijos adolescentes con sus figuras parentales.
De este modo, los profesionales nombrados anteriormente, además de permitirle al adolescente encontrar su propio deseo, sus habilidades de aprendizaje y de adaptación cultural, el conocimiento de sí mismo, entre otras cosas, también puede proporcionar herramientas al grupo familiar para escuchar empáticamente al otro –los padres a los hijos y los hijos a los padres-, creando la fortaleza para integrar las dos posiciones y conseguir acuerdos respecto al manejo de diferencias entre los menores y los adultos.
Dicho puente de comunicación solamente podrá ser posible en la medida en que los padres tengan un papel proactivo ante la institución educativa donde estudia su hijo, y papel proactivo con el profesional que este llevando a cabo el proceso terapéutico del adolescente.
Papel proactivo que implica apoyar y participar, muchas veces con la presencia física, en las actividades requeridas por los dos escenarios –colegio y proceso terapéutico-, desarrollar transformaciones dentro del hogar para el mejoramiento de algunos aspectos de su hijo adolescente…
En la medida que los padres confíen en la institución educativa la formación de saberes, lo mismo que confíen la complementación del trabajo iniciado en casa acerca del desarrollo de competencias blandas, participando con el colegio en estos dos tipos de actividades, los adultos tendrán mayores posibilidades para la disminución del distanciamiento afectivo con su hijo.
En cuanto al proceso terapéutico, si ambos padres tienen conexión con el terapeuta y los métodos que utiliza el profesional para guiar el proceso de su hijo por descubrir quien es, con el resultado del mejoramiento en diversas facetas de su vida, lo mismo que no se resisten a las transformaciones en el entorno familiar que el proceso incentivará, los adolescentes serán capaces de reconocer las diferencias y las distancias con los adultos, pero aun así, podrá tener empatía con la posición contraria –posición de los padres- y hacer esfuerzos para su integración.