
Hace muchos años, cuando no se había producido la revolución sexual que destruyo el paradigma acerca que las mujeres puras y de buena familia debían llegar vírgenes al matrimonio, una cantidad significativa de padres, tíos o adultos significativos dentro del grupo familiar, convidaban a sus familiares de sexo masculino que recién comenzaban la adolescencia a prostíbulos para que tuvieran su primera relación sexual con prostitutas.
A esta práctica que tenía ciertas variaciones en algunas culturas, se les denominó rituales de iniciación puesto que para los adultos de esas épocas, los adolescentes que tenían capacidad de eyacular y procrear -12 o 13 años-, se convertían en personas desarrolladas.
Sin embargo, este ritual de pérdida de la virginidad en los hombres, al igual que el ritual de celebración de los quince años en la mujer, son actos motivados por los adultos, los cuales no tienen relación alguna con las interacciones entre pares característica de los ritos de iniciación que cumplen un objetivo de preparación para la adultez.
Tanto la celebración de los quince años en la mujer, como pagarle a una prostituta para que su familiar hombre pierda su virginidad, son acciones dadas en una edad cronológica con bastante diferencia a lo que hoy se considera el tiempo en que se termina la adolescencia.
A pesar que el cuerpo este preparado para concebir hijos, la parte psicológica requiere enfrentarse a otras vivencias en las cuales el sujeto pueda adquirir mayores habilidades –saberes, competencias..- en el proceso de independencia de sus figuras parentales.
Vivencias asociadas a que la adultez no solo esta dada por las particularidades que denotan madurez desde el punto de vista biológico, sino a la capacidad de adaptarse a los diferentes ambientes, explorarse y conocerse a sí mismo, tener vínculos emocionales funcionales con los demás y consigo mismo, en los cuales pueda lograr acuerdos permanentes…
Por esta razón, los rituales de iniciación deben darse en un periodo de tiempo, un poco antes de los 18 años, en que el adolescente pueda ejecutar un proceso con una vinculación afectiva con otros. Vinculación que no tenga una finalidad sexual y que tenga una presentación final.
El adulto necesita inducir al adolescente para la realización de proyectos determinados por su deseo, y en conjunción con otros pares. Algo que se asemeje a la vida real, exigiendo por parte del adolescente, diversas responsabilidades para su realización.
Proyectos que dado la necesidad del adolescente hombre por competir, es importante que tenga relación con un enfrentamiento en que exista un alto nivel de preparación física, emocional y tácticas. Lucha cuyo punto final sea un encuentro entre los competidores con una celebración específica.
Este es el momento propicio para que los adultos, empiecen a asesorar a sus hijos de la manera en que lo harán, después de los 18 años, o sea cuando se conviertan en adultos. Orientación que no debe descuidar el cumplimiento de las normas de convivencia.
Esta conducción por parte de los adultos requiere que ellos faciliten en el adolescente la identificación de sus fortalezas y debilidades, el control emocional, la direccionalidad de su deseo, el logro de acuerdos con las personas, la consecución de objetivos…