La responsabilidad, según Martha Alles –autora especialista en recursos humanos- es una competencia referida a la capacidad para encontrar satisfacción personal en las labores que realiza y en la obtención de resultados positivos. Esta cualidad también implica la facultad para demostrar preocupación por llevar a cabo con precisión y calidad las tareas asignadas, y para respetar las normas establecidas.
La responsabilidad en los niños debe comenzar a formarse desde cuando ellos son muy pequeños, con más exactitud en los tres primeros meses de vida, en el momento en que los padres ponen ciertas exigencias para que el menor duerma en su propia cama y sea capaz de dormir, por lo menos ocho horas seguidas sin despertarse.
La manera en que los padres lucharan por conseguir este logro, junto a la forma de solucionar otras cuestiones asociadas al pequeño, solo se puede dar mediante un acuerdo entre los dos padres, en el cual ambos expresen sus puntos de vista y los puedan integrar.
Convenio que ojala sea escrito y guardado en un sitio asequible para los dos adultos, cuyo propósito es que ambos puedan recordarlos en aquellos momentos en que existan conflictos entre ellos, los cuales pudieran transformar las conclusiones de este proceso en caso que dichos acuerdos se dejaran solamente en el orden verbal.
Entre el primer y segundo año del niño, los padres necesitaran implementar otros pactos vinculados a las responsabilidades que el niño tendrá respecto de sus capacidades físicas recién aprendidas. En este caso, se puede nombrar el ejemplo de cuando el niño puede trasladarse por sí mismo a distintos lugares dentro de la casa, movilizando también sus juguetes, objetos que requieren ser retornados por el pequeño a su lugar de origen.
Las primeras acciones de guardado de juguetes, serán acompañados por los adultos, lo mismo que ellos incentivaran y exigirán que los menores desarrollen algunas actividades de aseo en su propia habitación –tender cama, depositar la ropa sucia en un sitio determinado…-.
Adicional a la enseñanza y exigencia en pequeñas labores del aseo del hogar y de su autocuidado –cepillarse los dientes, vestirse, protegerse de posibles conductas de abuso..-, los adultos necesitaran hacer lo mismo en las temáticas de aprendizaje y socialización, reforzando los informes de los jardines infantiles en los cuales el menor sigue un programa académico.
En la primera infancia, también es importante para el desarrollo de la competencia de responsabilidad, cuando los padres, atendiendo al deseo del hijo, lo introducen a ciertas ocupaciones –clases de música, entrenos deportivos…- y lo acompañan en este camino con su experiencia –en el caso que la actividad elegida por el niño sea del dominio del adulto-, reforzando sus esfuerzos y logros, conteniéndolo las emociones negativas producto del cansancio y la no consecución rápida de resultados, a la vez que exigen el cumplimiento de las sesiones y los compromisos adquiridos.
El acompañamiento y las exigencias por parte de las figuras parentales con los comportamientos que ellos como colectivo hayan acordado como esenciales, serán fundamentales para la realización de tareas y la obtención de placer a través de estas.
Más adelante, la responsabilidad en los años de infancia en que el sujeto se encuentra desarrollando su educación primaria –seis a doce años- ha de vincularse con la cercanía emocional de los padres y los hijos, la estimulación y la atención de los adultos a las tareas y progresos o retrasos de su hijo a nivel de aprendizaje y de rendimiento en la colegio, formación extracurricular, comportamientos dentro del hogar y con sus relaciones de amistad, y en los demás ámbitos con los cuales el infante esta interactuando.
Los padres no deben olvidarse de la responsabilidad que su hijo requiere adquirir consigo mismo y con los otros, lo cual solo se logra permitiendo que el hijo crezca en un hogar funcional producto de los vínculos afectivos adecuados entre los padres y entre padres e hijos.
Esta educación emocional que tanto los padres como la institución educativa necesitan ofrecer con calidad, ha de presentarse acompañada por la revisión y retroalimentación constante de los mayores hacia el menor para que él se adueñe de estas temáticas y las desarrolle con alto sentido de responsabilidad.
La enseñanza de esta competencia –responsabilidad-, fuera de tener como base lo expuesto anteriormente, se edifica con la observación que los niños hacen de unos padres que demuestran esta cualidad en su vida tanto personal –relación consigo mismo, con sus pareja e hijo, amigos, motivaciones…- y en su quehacer laboral.