
Muchas personas no tienen la mayoría de los síntomas que permiten diagnosticarlos como alexitimicos. Sin embargo, ellos son sujetos que constantemente han reprimido su parte emocional, por lo cual cuando intentan manifestarla, sienten que no tienen las palabras adecuadas para describir sus emociones y sentimientos.
Este fenómeno clínicamente se conoce como seudoalexitimia, dándose en individuos que reprimen sus emociones y sentimientos, algunos hasta tal punto que almacenan dentro de sí una gran cantidad de estos –emociones y sentimientos- que se convierten en disfuncionales al no ser exteriorizadas, situación que provoca trastornos somatoformes, la puerta de entrada hacia un trastorno adictivo, entre otras cosas.
La emoción es una sensación subjetiva de corta duración provocada por un suceso externo y un estado afectivo, acompañado por una respuesta psicológica y fisiológica característica –Uno de los propósitos de la emoción es motivarnos a realizar un comportamiento-.
Por otro lado, un sentimiento es la suma de la emoción más el pensamiento, por lo cual tiene una base objetiva asociada con un componente subjetivo. Los sentimientos son posibles por las evaluaciones, interpretaciones y atribuciones de los sucesos internos y externos.
Los sujetos con seudoalexitimia tuvieron con sus figuras parentales, más que todo en los primeros años de vida, vínculos afectivos disfuncionales en los cuales la parte emocional no fue tratada como esencial para el desarrollo integral del hijo, por lo cual los pequeños no interiorizaron este aprendizaje.
De esta manera, el control de emociones y sentimientos junto a la manifestación de estos, quedaron relegados a un lugar represivo pues los padres no tenían las competencias necesarias tanto personales como de equipo de trabajo para contenerlas y direccionarlas hacia maneras saludables de procesar la información y de comportarse.
Fuera de no contar con estas competencias, los padres creyeron inconveniente ahondar en sus hijos este tipo de enseñanza. Una de las hipótesis por la cual se puede explicar el poco deseo de los adultos por permitir que sus pequeños profundicen sobre los tópicos de emociones y sentimientos tanto de sí mismo como de los otros, es que ellos tampoco recibieron orientación de sus propias figuras parentales, por lo cual no tienen confianza y consideran amenazante aquello concerniente al conocimiento y el aprovechamiento de su mismisidad como tal.
Esto ocasiono que los hijos solo intentaran comprender la realidad desde una perspectiva objetiva, sin involucrar el punto de vista subjetivo, el cual es el que permite el acuerdo entre sujetos. Dicha comprensión sesgada puede producir inconvenientes asociados con las interacciones con los demás y la generación de vínculos afectivos.
Problemáticas que se formaron en la primera infancia pero que se complejizaron en el período de la adolescencia puesto que en esta época las variables neurobiológicas, psicológicas y ambientales junto al duelo por la pérdida de la niñez, generan una crisis que el sujeto que ha reprimido su parte emocional no es capaz de resolver por sí mismo, queriendo hacerlo con conductas disfuncionales –trastornos somatoformes o de alimentación, trastorno antisocial, depresión, adicciones-.
En este momento, los padres que no han fomentado en su hijo la expresión de sus emociones, y por ende son hijos que no tienen confianza en las capacidades del adulto para contener sus emociones, tienen dificultades para conseguir empatizar con su descendiente, exigirle ciertas normatividades y acompañarlo en la búsqueda de su propio yo.
De esta manera, el individuo convertido en adulto concibe su realidad a través de lo objetivo aunque dentro de sí mismo puede tener variadas dificultades que no sabe cómo arreglar por lo cual intenta negarlas o explicarlas con argumentaciones alejadas de lo intrínseco.
Este sujeto prefiere ocupar su quehacer laboral y académico en áreas que no requieran una constante interacción con otras personas, y tampoco gusta de establecer conversaciones en que se amplíen cuestiones referentes a las emociones, sentimientos, estados anímicos, historias afectivas, sueños.