La completud del hijo cuando hay separación o relación disfuncional de pareja.

Los vínculos disfuncionales de pareja o las separaciones entre dos personas, producen diversas crisis que necesitan ser asimiladas emocionalmente para poderlas superar, y poder transformar la carga negativa en elementos de crecimiento a nivel personal.

Empero, la mayor parte de los miembros de este tipo de parejas o de las personas que han finalizado estas relaciones, no piensan de esta manera, ignorando el hecho de su afectación a nivel emocional. Debido a esta negación, mucho menos existe el deseo de asistir a un proceso terapéutico.

Por esta razón, muchas personas recién separadas o aquellas que tienen problemas profundos de pareja pero no los han querido enfrentar de manera asertiva, toman la decisión de encaminar todos sus esfuerzos y su razón de existir hacia sus hijos.

Estas son personas que se reconocen fácilmente puesto que intensifican la colocación de fotos y de mensajes alusivos a lo mucho que aman a sus hijos y lo bendecido que se sienten como padres. Mensajes que igualmente desean expresar que el hijo es su único amor, alguien que le ha enseñado a amar…

Además de esto, la casi totalidad de las conversaciones con ellos, están asociadas al tópico de los hijos y sus esfuerzos por sacarlos adelante, huyendo de otros temas vinculados con sus emociones después de la ruptura amorosa o con el estado de su unión, en caso que no haya habido separación.

El hijo o los hijos intensifican su importancia para los padres que tienen esta dinámica de ruptura o conflicto constante. Las figuras parentales, especialmente la que se significa como víctima de una infidelidad o del desamor de la otra persona, se sienten completos compartiendo tiempo o sintiendo que sus esfuerzos laborales van encaminados a proporcionarle mejores condiciones de vida a su descendencia.

Desde este punto de vista, los padres sobrecargan de energía a los hijos, muchas veces tratándolos como parejas emocionales, con lo cual genera que ellos no tengan espacios para su desarrollo y para muchos de sus procesos en las diferentes etapas de la vida.

La significancia que el hijo/a, durante la niñez, tenga en la mentalidad del padre o madre, acerca de ser la persona que lo completa, se ve reflejada cuando la lactancia materna esta por encima de los doce meses, cuando el niño/a no pasa la noche sin despertarse o no duerme en su propia cama a partir del tercer mes, cuando existen problemas para la adquisición de hábitos o de competencias blandas, cuando existen dificultades en la adaptación a nuevos ambientes, y en general cuando hay problemas en la separación.

Cuando las crisis de pareja de los padres o su separación se produce en la adolescencia, y las figuras parentales, especialmente la víctima, pretende tener a su hijo/a como completud, él/ella puede dejarse manipular del adulto, algo que también, como en el caso de la niñez, detiene su progreso en todos los niveles.

Esta retraso ocurre porque el hijo adolescente percibe a sus padres tan desamparados, indefensos y disminuidos emocionalmente, que se queda acompañándolos, no asistiendo a sus compromisos o no ejecutando sus actividades con dedicación puesto que se mantiene preocupado por ellos.

Cuando los padres comprenden que no son seres completos, por una característica estructural del ser humano, y no por su ruptura amorosa o el estado poco armonioso de su relación, ellos no intentarán tener a su hijo/a como objeto de completud, y podrán encarar su problemática afectiva reconociendo las emociones displacenteras de la situación, asistiendo a procesos terapéuticos y dando la percepción a sus hijos sobre  que se van a reponer afectivamente, y que mientras esto ocurre,  los hijos seguirán siendo protegidos y controlados por sus padres.

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