Cuando dos personas que tienen una relación afectiva de preferencia –pareja-, toman la decisión de casarse o convivir, ellos lo hacen con el sentir romántico acerca que necesitan compartir más tiempo juntos, y la ilusión acerca de su amor incondicional podrá ser el motivante suficiente para solucionar asertivamente la mayor parte de las situaciones conflictivas.
Pensando en esto, pocas parejas se preparan para lo que viene. Un colectivo de dos personas que en el mejor de los casos forman un trabajo en equipo estructurado que permita llegar a acuerdos sobre la unidad y, sobre el papel y la contribución de ellos mismos en la unidad.
Esta cantidad de casos es ínfima, respecto de las uniones que no logran su objetivo principal de conservarse como un equipo de trabajo en sus variados desempeños –ser padres, economía, manejo de conflictos..- y simultáneamente, ser una pareja con lazos afectivos y sexuales intensos, estructurados y profundos.
A mi modo de entender este fenómeno, son tres los principales motivos por la cual las uniones de parejas convivientes se separan en un tiempo determinado –dos, siete, diez o veinte años- o siguen juntos, supuestamente por el bienestar de los hijos, a pesar que no se soportan cuando se encuentran dentro de la casa o a pesar que hace mucho tiempo dejaron de amarse o de esperar del otro algún gesto afectuoso y/o romántico.
El primer motivo esta asociado con la exploración insuficiente que hicieron de ellos mismos y del otro antes de convivir. Indagación que debía comenzar por el conocimiento y la aceptación propia, seguir con el conocimiento y la aceptación de las vivencias del otro, a través de su pensar y sentir, y terminar con el conocimiento y la aceptación del otro, a través de la palabra de su familia cercana, tal como se explicó en los dos escritos anteriores.
Este conocimiento sobre las características de los dos, junto a las conclusiones acerca de la posible integración de esas peculiaridades –integración que se da en la medida en que no existan diferencias profundas entre los miembros de la pareja-, se debe dar en los aspectos de: hábitos, costumbres, gustos, manejo de conflictos, sucesos más relevantes de la historia –temática familiar, afectiva, educativa, laboral..-, rasgos de personalidad, manejo económico, proyectos de vida, uso del tiempo libre, proyectos de hijos y la filosofía de crianza, métodos de planificación, tópico sexual, ligazón a la familia extensa, significancia de la infidelidad.
En la medida que los miembros de la pareja no tengan el saber acerca de estos temas primordiales de sí mismos y del otro, y los vayan conociendo con el transcurrir del tiempo, existen mayores posibilidades que ocasionen un disgusto, decepción, no se puedan integrar con los aspectos propios conocidos, lo cual pueden quebrar parcial o totalmente el vínculo afectivo.
El segundo motivo por la cual los miembros de la pareja no resisten el transcurrir del tiempo, se relaciona con el deseo de transformar al otro en características que hacen parte de su estructura de personalidad. En estos casos, se puede observar por ejemplo la ilusión que tienen algunas mujeres por convertir el infiel en fiel, el maltratador en una persona de relaciones asertivas, el adicto en alguien sano, el criminal y antisocial en alguien moral, el poco trabajador en alguien muy trabajador, el inmaduro en alguien maduro…
Este deseo de “salvación” del otro es tal, que nubla todo juicio objetivo que dice que esa convivencia no tendrá resultados óptimos. Deciden convivir con una persona con estos rasgos disfuncionales de personalidad, arriesgando su integridad física y emocional, debido al supuesto deseo altruista de auxiliar a su pareja, algo que en el fondo es un deseo por transformar la imagen de su padre o madre con este tipo de problemas y “salvarlo” para evitar el sufrimiento del padre o la madre víctima.
En cuanto a la tercera causa de ruptura a través del tiempo, se puede nombrar la poca capacidad que los miembros de la pareja tienen para acomodarse a las pequeñas modificaciones que el otro ha tenido en su personalidad, debido al paso por diferentes situaciones: Cambios corporales, crecimiento de los hijos, adaptaciones a nuevos trabajos, nuevas experiencias y aprendizajes, otras maneras de interpretar la existencia..
Este tercer obstáculo se puede superar en la medida que exista un dialogo permanente entre las dos personas y, un compartir tiempo y aficiones, de manera que ambos sepan las vivencias, sentimientos, emociones, pensamientos y aprendizajes del otro, lo mismo que las interpretaciones acerca de esto, pudiéndose conectar con ellos.
Si los dos miembros se logran conectar en estas transformaciones individuales, se podrá conseguir una integración, basada en acuerdos, que permita potencializar las fortalezas de la pareja, disminuir sus debilidades y redefinir su vínculo de pareja a través del tiempo.