La importancia del gateo en el bebé.

Durante el proceso de conocimiento del mundo que lo rodea, el niño pequeño tiene curiosidad sobre los objetos que puede percibir con sus sentidos pero que no puede alcanzar, por lo cual intenta producir movimientos por sí mismo que lo ayuden a desplazarse.

De esta forma, el bebe consigue arrastrarse en las superficies lisas y niveladas. Esto permite avanzar un poco más en afán por conocer el mundo, y permite preparar al bebe para los movimientos de locomoción que exige el gateo. Los pediatras señalan que existe seis estados de complejidad en los movimientos de arrastre, que van desde el balancearse sentado hasta moverse como un réptil.

Cuando el bebe aprende a gatear, y sus músculos de las extremidades adquieren fuerza para ello, alrededor de los nueve meses de edad, se intensifica el desarrollo de su inteligencia espacial porque él adquiere los conceptos sobre las medidas de los diversos espacios a baja altura, lográndolos manejar según la forma de su cuerpo.

La habilidad para controlar espacios, adquirida en el gateo, será fundamental en la coordinación  de estos espacios cuando hayan aprendido a caminar. Igualmente, los pediatras opinan que gatear permite que el bebe coordine los dos hemisferios cerebrales, desarrolle una mejor visión, fortalece el eje de las caderas y de los hombros, favorece el desarrollo del sentido del tacto, permite conocer al mundo de manera tridimensional etc.

El gateo del niño es un proceso que adquiere relevancia en la medida que sus objetos de amor estimulen al infante tanto para su adquisición como para su control. Igualmente, debe haber reforzamiento continuo, por parte de las figuras parentales, para su utilización más prolongada, algo que se puede asociar con la disminución del cargado.

Alentar al niño para que adquiera y domine este modo de desplazamiento, significa que el padre o la madre en algunas situaciones de interacción con su hijo, proceso de enseñanza –aprendizaje o con fines recreativos, tendrá que hacer los movimientos de gateo, de tal manera que él/ella desee realizar la identificación con el adulto.

El hecho que los padres tengan una perspectiva momentánea desde su desplazamiento en el piso, puede incentivar que ellos creen juegos y actividades didácticas para un bebe de meses, lo cual puede permitir aumentar su conexión emocional con su hijo.

Al mismo tiempo, el gateo puede ser una oportunidad para que el niño incentive su curiosidad por llegar a nuevos lugares y conocer nuevos objetos. Esta curiosidad debe ser guiada por los mayores, estableciendo un dialogo con el niño acerca del objeto que desea tocar o manipular con su movimiento.

Para explicar mejor esto, podemos decir que el adulto coloca una pelota roja al final del pasillo. El se coloca, con su hijo, en posición de gateador en el comienzo del pasillo y le dice a su hijo que van hacia la pelota. Cuando llegan a ella, el adulto puede hablarle a su hijo sobre algunas características de la pelota, y después tirarla para que la vuelvan a alcanzar, provocando determinado conocimiento en el niño y una dinámica de competencia que le encantará al hijo.

La acción de gateo constituye un paso decisivo para el desarrollo de las extremidades superiores e inferiores, y se asocia con la motricidad fina mediante el mejoramiento en el dominio de los diferentes órganos de los sentidos, provocando que el menor pueda tener un desarrollo más óptimo de su capacidad para manejar espacios.

Las actividades de gateo direccionadas por el adulto también pueden provocar la intensificación del lazo afectivo entre el niño y el adulto, el conocimiento de distintos objetos y el desarrollo de comportamientos asociados a orientación al logro, comunicación, competencia por llegar primero al objeto etc

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