
Muchos padres piensan que cuando sus hijos terminan la adolescencia, o sea a los diez y ocho años, tiempo en que la mayoría se han graduado de la institución educativa secundaria, ellos -sus hijos- no necesitan tanta dedicación, seguimiento y cuidado.
Esto es parcialmente verdadero. Si bien es cierto que durante la niñez y la adolescencia son las dos etapas de la vida en que el ser humano tiene mayor desarrollo en las áreas afectiva, cognitiva, física, lenguaje y adaptativa, también es cierto que en la adultez joven, los adultos deben implementarle un acompañamiento a su hijo para cerciorarse que todo lo enseñado ha sido interiorizado por él/ella, y para aconsejarlo en las actividades de su diario vivir.
En este acompañamiento, algunas figuras parentales se dan cuenta que sus hijos adultos jóvenes, no han superado el periodo de la adolescencia, quedándose estancados emocionalmente en este etapa del desarrollo. Los actuales adultos jóvenes se rehúsan a aceptar las nuevas exigencias culturales y personales.
Una de estas exigencias es desempeñarse en alguna labor específica, sea trabajo, estudio o combinadas, algo que depende tanto de las capacidades económicas que tenga la familia, como de los deseos del adulto joven para la realización de alguna de estas tres opciones.
Sin embargo, cierto número de adultos jóvenes no cumplen este mandato social y ofrecen a los padres diversas excusas para no hacerlo, ciertas validas como la no consecución de empleo, mientras que otras, obedecen a su dificultad para definirse como mayor de edad y tomar decisiones que repercutirán su futuro.
Estos adultos jóvenes son los que refieren a sus padres, su deseo por tener seis meses o un año libre para saber que quieren hacer con su existencia. Ante este grupo de sujetos, también se pueden añadir, los que empiezan alguna actividad –trabajo, estudio o las dos-, y renuncian a los tres o cuatro meses, diciendo que no se acomodaron o no les gusto aquello que estaban haciendo.
Otras de las formas en que se puede observar que los adultos jóvenes no han superado emocionalmente la adolescencia, es que ellos siguen teniendo con sus padres conflictos referentes a luchas por el poder, y todavía los padres no son concebidos como orientadores.
Los adultos jóvenes que se quedaron fijados en la adolescencia no han estructurado su identidad individual y necesitan constantemente tener pugnas con sus figuras de autoridad y contención, con el objetivo de visualizarse independiente de ellos, desde el punto de vista psicológico.
Sea cualquiera de estas dos formas en que el adulto joven quiere expresar su poco o nulo deseo por convertirse en persona mayor de edad, denotando un estancamiento emocional en el periodo de la adolescencia, los padres necesitan actuar proactivamente como un equipo de trabajo, que ayude a su hijo a superar esta crisis.
Las figuras parentales deben establecer con su hijo espacios de dialogo, más allá del sermón o la reprimenda, en el cual puedan conocer las resistencias que el ahora mayor de edad, tiene para asumir mayores responsabilidades y empoderarse consigo mismo.
Espacios de dialogo en los cuales el adulto joven socialice con sus padres sus sueños o motivaciones. Conocida estos sueños, tanto mamá como papá deben asesorarlos para el desarrollo de un determinado proyecto de vida y el requerimiento para acciones inmediatas que puedan dar respuesta o facilitar ese querer de su hijo.
Adicionalmente, los padres necesitan dar responsabilidades a su hijo dentro del hogar, en caso que no lo hayan hecho anteriormente. Si lo hicieron, las labores han de tener mayor importancia, sin que estas afecten su estudio o sus actividades laborales.
Las figuras parentales deben dejar muy en claro a su hijo que vivir dentro de la casa, implica el cumplimiento de determinadas normas de convivencia –no se acepta ningún comportamiento de maltrato, realización de tareas en la casa..- y el desarrollo de las acciones laborales, estudiantiles o ambas.
El hecho que el adulto joven tenga problemas para superar la adolescencia puede ser debido a un vínculo disfuncional con los padres y fallas en el proceso para la adquisición de normas, lo cual transformarán con comportamientos más proactivos desde lo emocional e imponentes desde lo social.