El falo, según la real academia de la lengua española se encuentra definido como el pene. Sin embargo, más allá de esa palabra –pene-, que solo estimula pensar en un contexto sexual, se encuentran una serie de asociaciones con connotaciones emocionales.
El falo, definido como pene, es una parte que se puede observar en el hombre, a diferencia de la mujer en que no se puede visualizar, por lo cual un entendimiento básico podría inferir una presencia del falo en el sexo masculino y una ausencia de este en el sexo femenino. Ausencia-presencia que se podría asemejar a un sistema binario, en el cual solo existen dos posibilidades –tiene ó no tiene-.
Ser poseedor del falo, para el niño pequeño, significa dar la imagen de alguien poderoso y completo, puesto que así de ese modo, la cultura ha construido la representación masculina, pudiendo contrastar con aquello que ocurre en ciertos hogares en los cuales la madre es la que maneja el poder.
El hijo hombre se identifica con su padre puesto que siente que cuando logre conseguir la preferencia de su madre o cuando haya crecido podrá obtener el falo, mientras que la hija intenta la predilección de su padre para con esto ser portadora del falo de él.
Así, el desarrollo emocional del infante, después que ha entrado en el drama edípico, tiene como uno de sus puntos fundamentales el deseo por adquirir un falo asociado a la masculinidad y a la simbolización de este estado biológico como aquel que ofrece completud. Deseo que orienta el comportamiento y la manera de pensar del niño pero que no podrá cumplir aunque se esfuerce intensamente.
En caso que el pequeño alcanzará sentirse alguien fálico, él automáticamente se desvincularía de la realidad desde su emocionalidad, puesto que esta se encuentra caracterizada por un sinnúmero de faltas que el pequeño no tendría al ser poseedor del falo, o sea la completud, perdiéndose en un estado similar al psicótico.
En la medida en que el niño se desarrolla tanto afectiva como cognitivamente, él infiere que acercarse a adquirir el falo –completud- es una utopía que no se reduce a los extremos de masculinidad-feminidad, sino a una posición asociada a esforzarse por aquello que se desea. Sin embargo y a pesar de su crecimiento, el ser humano queda fijado en esta significación fálica infantil
Definición que se desarrolla en la etapa edípica, en la cual el niño pone atención en la diferencia entre hombre y mujer, permitiendo su enorgullecimiento acerca de poseer el falo, mientras que la niña envidia a su madre pensando que la adulta es portadora de pene, pero cuando se da cuenta que no tiene este órgano, la infante se decepciona tanto de su figura materna, provocando que deje de desear seguir en el lazo casi que fusional con ella, queriendo que se produzca ese lazo con su padre, a quien envidia puesto que es poseedor del falo visualizado como pene. Algo que la madre no tiene.
Los adultos que conocen esta interpretación son escépticos ante ella. Empero, la veracidad de esta forma de análisis se puede observar en las vivencias dentro del entorno familiar y en algunos fenómenos sociales que involucran la creencia infantil que el hombre es alguien superior a la mujer.
En las vivencias de la madre con sus hijas, existen quejas constantes acerca que la madre no fue fálica en el sentido que no ofreció el suficiente soporte emocional para ellas en sus momentos más determinantes, así como tampoco dio la suficiente cantidad de leche en el periodo de lactancia…
En estos ejemplos, se puede visualizar como la mujer adulta o la niña en los casos que ella se encuentre en un proceso terapeutico, se siente defraudada que su madre no sea aquella persona en la cual fantaseaba. Madre portadora del falo, o sea alguien con quien se pudiera completar en una relación fusional como aquella que tuvo dentro del vientre materno o en los primeros meses de vida.
Otras mujeres adolescentes o adultas se quejan que no han podido tener con su madre un vínculo funcional, atribuyendo esto a la envidia que siente la figura materna sobre la hija. Esto se podría explicar debido que el mayor desarrollo de su descendiente, esta mostrándole a la sociedad que su madre se encuentra en un periodo de declive, algo que la mayor no acepta.
La raíz de este tipo de rivalidad entre madre e hija es que cada una lucha por ser la preferida del padre, quien posee el falo según la creencia de ellas, y así obtener con él un vínculo en que se sientan completas, sin falta. Conflicto que ha sido constante en el transcurrir del tiempo.
En cuanto los fenómenos sociales, el autor siente que el machismo se encuentra asociado al enorgullecimiento infantil sobre la presencia fálica –pene- en el hombre, por lo cual existe la creencia en la supremacía del sexo masculino sobre el femenino, más la discriminación de este último.
Con estos ejemplos, se puede concluir como el concepto infantil en que el falo es equivalente a pene, se conserva a pesar del crecimiento del individuo y de la sociedad. Igualmente, dicho concepto infantil dictamina que la persona con pene, es completo desde lo corpóreo y desde lo emocional.
Interpretación infantil que la mayor parte de personas no ha podido olvidar y transformar hacia la significación del falo alejada de lo biológico y profundizada en un simbolismo en el cual la completud es inaccesible, pero sin ella no se podrían direccionar los comportamientos o las formas de procesar la información.