Los padres funcionales permiten al hijo ser el héroe de su propio cuento de hadas.

Los cuentos de hadas son obras literarias cuyo público objetivo son los niños. Estas narraciones quieren divertir al pequeño mediante historias sencillas con finales felices, pero también pretenden permitirle que él adquiera diversas competencias asociadas a la exploración de su mismidad emocional, estimulación de capacidades intelectuales, solución de conflictos externos y subjetivos..

Estas pretensiones de los cuentos de hadas solo pueden concretizarse en la medida en que el niño sienta que es el principal protagonista en el espacio compartido con sus figuras parentales, lo cual es factible cuando ellos leen a su hijo el texto y lo estimulan a tener un papel proactivo en la interacción y no solo de escucha pasiva.

Al comportarse de dicha forma –proactivamente-, el niño se identifica con el héroe de la historia, lo mismo que puede transformar los sucesos escuchados en el texto  a representaciones que se apliquen a aquellas cosas que ocurren en su subjetividad, y pueda cuestionar tanto al lector como a él mismo sobre diversos cuestionamientos del cuento, permitiendo así la aclaración de dudas, alimentación de su mundo fantasioso y aumentar su fortaleza en la simbolización.

Estimular que el hijo se coloque en una posición de movimiento psicológico que le permita recibir el contenido simbólico que deja el cuento de hadas, comienza desde que los padres proporcionan a esta obra poder terapéutico puesto que la han significado de forma positiva.

Haciendo esto, el niño se identificara con esta interpretación de sus objetos de amor –padres-, visualizando que los cuentos de hadas, además de sus fines recreativos, tienen otro tipo de funciones asociadas a permitir el enfrentamiento funcional de sus conflictos internos.

De esta manera, la posición de los padres promueve que su hijo tenga un nivel alto de apertura emocional ante estas historias, por lo cual es capaz de explorar y representar su realidad interna en ellas, tanto así que se coloca en el papel de aquel héroe que consigue sus objetivos y ayuda a los demás debido a sus esfuerzos y al apoyo recibido por otros.

El niño se da cuenta que los efectos positivos que el cuento de hadas ejerce sobre él, se relaciona con el acompañamiento que sus padres realicen tanto de sus emociones como de su forma de procesar la información. Estos aspectos internos empiezan a aparecer desde que el pequeño toma familiaridad con la historia, se identifica con el héroe y pretende emularlo.

En este punto, los padres necesitan crear interrogantes en su hijo para que el menor adquiera el saber acerca que las consecuencias beneficiosas del cuento sobre él, tienen bastante similitud a la manera delicada como el autor describe y tramita el accionar del héroe.

De esta forma, el menor se da cuenta que cualquier logro requiere que se implemente un trabajo en equipo, inclusive los objetivos referentes al encuentro con la propia mismidad, para los cuales son fundamentales la presencia y direccionamiento de un otro terapéutico.

Guardando la premisa que el trabajo en equipo es un concepto básico, el infante significa a sus padres con características positivas asociados a la confianza, permitiendo que ellos sean sus guías en los distintos procesos de su vida en que el hijo es el héroe o principal protagonista.

El trabajo en equipo entre padres e hijos en la dinámica del cuento de hadas, proporciona al niño la posibilidad para analizar, interpretar y concluir, mediante una comunicación intersubjetiva igualitaria, sobre el conflicto edípico, algo que en la realidad no es posible hacerlo debido a las jerarquías de autoridad de adultos y niños.

En esta comunicación, los padres instan a su hijo a convertirse en héroe de su propia historia, siguiendo el ejemplo del personaje principal de cuento de hadas, quien a pesar que no tiene cualidades sobrenaturales, tiene capacidad para alcanzar propósitos complejos –luchar con dragones, resolver acertijo, liberar princesas…-.

Durante el contexto narrativo, la figura materna en caso de ser la lectora, estará junto a su hijo y lo apoyará en el momento que tenga la fantasía de identificarse con él héroe, por lo cual puede vencer al dragón, quien simboliza a su padre. Esto no lo podría llevar a cabo la madre en el campo de la realidad puesto que ella no puede apoyar la fantasía de su hijo acerca de eliminar al padre.

Los padres participarían, por medio de los cuentos de hadas, de los juegos fantásticos de sus hijos, permitiendo que él sea el héroe, sin perder en otros contextos su función como padres. De este modo, el niño puede sacar todo el provecho de dos mundos, lo cual funciona en la estructuración saludable de su autoestima.

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