Este tercer escrito del libro “Mapa de sentidos” del autor Jordan Peterson, consiste en la presentación del análisis realizado, por el autor anteriormente mencionado, acerca de algunos elementos del mito de creación –el paraíso de los católicos, la historia de Jesús….-.
El hombre pre experimental observa la moral en su comportamiento e infería la existencia de una fuente o lógica para esa moral en la propia estructura del universo. El acto de establecimiento del comportamiento adaptativo es interpretado como algo divino.
Debido al accionar del ser humano en que coloca afuera lo que esta pasando adentro de sí mismo, el pensamiento mítico es un fiel reflejo de sus comportamientos, emociones y formas de procesar la información, las cuales se dan por medio de imágenes y no de una mediación a través de la palabra escrita puesto que la escritura no se había creado en las épocas ancestrales.
De esta manera, el pensamiento mitológico es un sistema de representaciones que tienen raíces biológicas y ligadas a la interacción con los otros. Representaciones que no son más que una serie de creencias acerca de la moral humana –lo que debe ser-.
En los mitos de creación, las deidades, en sus primeras etapas, o sea las deidades totémicas, se representan como miembros de una comunidad supercelestial –inmortal-. Después se integran a una jerarquía, y finalmente se convierten en una sola deidad con características relacionadas –monoteismo en donde se integra la moral intrapsiquica e intercultural-. En este punto aparece la posibilidad de tener un vínculo cercano con la deidad a través de él o de su hijo.
El ser humano fue creado por una deidad hermafrodita con principios masculinos y femeninos. Deidad que alumbra el universo pero también intenta destruirlo. A pesar de esto, ningún elemento de esta deidad entra en contradicción con otro –el caos y el orden tienen la capacidad de integrarse-.
Esta deidad hermafrodita simboliza la unión de lo conocido con lo desconocido. Es una deidad que se contiene y se referencia por sí mismo –Se alimenta y se fertiliza por sí mismo-. Desde esta deidad se cimienta la realidad. Es el todo encarnado en un ser.
El lado de la deidad que representa el caos o desconocido es la femenina, debido que la mujer tiene la capacidad de engendrar. Lo desconocido tiene una valencia negativa porque es percibido como destructivo del orden, pero también puede ser positivo porque es creativo y generador. El lado de la deidad que representa el orden o lo conocido es masculino. El puede tener una valencia positiva porque puede ser protector pero también tiene una valencia negativa porque puede convertirse en tiránico –tiránico en el sentido que el orden puede ser dominante y mortífero, en caso de no ser regulado o en caso de ser permanente-.
Refiriéndose más específicamente a la mitología católica, la existencia de Cristo y de satán – hijos del mismo padre- representa el bien y el mal que cada ser humano tiene en su interior. Sin embargo, el mal como tal no existe sino que es un instrumento para observar el distanciamiento que cada persona tiene con el punto que debería ser –punto moral al cual se debe llegar-.
Dicha significancia del mal dentro del individuo, concuerda con los conceptos de algunos sistemas religiosos, los cuales plantean que el mal es un instrumento de la deidad, quien trabaja incansablemente para llevar la perfección al mundo a pesar de la existencia problemática del libre albedrio y la tentación demoniaca. La forma del demonio es la idea que el mal ha adoptado.
Cristo es el espíritu duradero de la creación y la transformación, que se caracteriza por admitir lo desconocido, y por tanto, permitir el camino hacia el reino de los cielos –el héroe-. Satán es el espíritu de la negación, rechazo eterno de lo desconocido debido a su rigidez. Si no existiera este miedo que genera pánico y angustia a lo desconocido, el héroe –Cristo- y Satán, no tendrían razón de existir.
Para el pensamiento mítico, el debería ser o la moral colectiva es el bien, mientras que el autonocimiento o el sentido crítico del sujeto hacia el grupo en el cual esta inmerso, se connota como algo malo. En esta medida, La conciencia de sí mismo se manifiesta en vergüenza, y se ha expresado mitológicamente como vergüenza de la desnudez, que es conocimiento de la vulnerabilidad esencial y la debilidad ante el mundo.
Ampliando un poco más sobre el cristianismo, Cristo no ha sido el único héroe de este sistema de creencias. Empero, él –Cristo- es el héroe que ha tenido más carisma y seguimiento porque promueve una moralidad basada en principios redactados de manera positiva o indicaciones –amaras a tu prójimo.., respetar el bien ajeno…-. Antes de Cristo, estuvo un héroe, Moises, cuyos principios fueron redactados en forma de prohibiciones –no mataras, no robaras..-, lo cual se explica por un mayor desarrollo de la consciencia moral en la época de Cristo.
La figura de Cristo fue necesaria para la comunidad puesto que este héroe incentiva el renacimiento del colectivo a través de un aprendizaje. El aprendizaje significa encontrarse con la gran madre –lo inexplorado- y organizar dicha exploración a partir de los esquemas conocidos –el gran padre-. El héroe explorador corta el caos y crea el nuevo mundo, rescata el orden.
La comunidad se identificó y se ha identificado con Cristo a través del tiempo, puesto que dicho personaje representa la aceptación de la insuficiencia, abriendo la posibilidad de la creación y la renovación. Por otro lado, el rechazo de la insuficiencia, causa la identificación con el hermano del héroe.
La identificación y el seguimiento a Cristo, se ha asociado con la restauración del paraíso, el cual es un lugar donde se produce la armonía del orden y del caos, un lugar en que las necesidades y placeres de la vida se encuentran satisfechos. El paraíso es un estado de no existencia
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