
Por la globalización de la información y la apertura que ha existido en las últimas décadas con el tema de la sexualidad, ha sido posible conocer que mayor cantidad de parejas han tomado la decisión de abstenerse de realizar cualquier tipo de contactos genitales, tanto al interior como al exterior de la relación.
La asexualidad es una orientación sexual consistente en que los sujetos sienten poca o nula atracción sexual hacia el otro –En este caso el otro es cualquier persona y no solo su pareja-. Esta asexualidad es diferente del celibato puesto que en este último, existe una elección de no tener vínculos genitales
Las causas de la asexualidad pueden ser represión sexual, problemas hormonales o el hecho de haber sido víctima de algún tipo de abuso sexual. Aunque existen raíces emocionales con la falta de deseo sexual, esto no quiere decir que las conexiones afectivas también falten.
Por otra parte, las causas del celibato se asocian mucho a cuestiones religiosas pero van más allá de ese tópico, pudiendo significar un exceso de culpabilidad con las emociones y actividades con el otro que impliquen búsqueda de placer físico durante el acto sexual.
El celibato suele darse en parejas de novios que no han ejecutado un ritual religioso para comenzar su convivencia, aquellos en que sus creencias se basan en el cumplimiento radical de las palabras expresadas en su libro sagrado –biblia, torá, coran..-.
Sin embargo, en la historia reciente se conocen parejas, convivientes o no, que no se encuentran enmarcados en un sistema religioso determinado pero que han decidido no tener contactos genitales, exceptuado que planeen tener hijos. Estos individuos y parejas piensan que es más saludable encaminar este deseo hacia intereses individuales ajenos a la sexualidad –generación de conocimiento, arte, meditación..- o deseos altruistas.
El fenómeno de la asexualidad y el celibato no se encuentra enlazado a alguna incapacidad fisiológica. Tanto las parejas asexuales como aquellas que practican el celibato construyen sus espacios de intimidad de otra forma puesto que, en muchas ocasiones, significan como aversiva y/o innecesaria la genitalidad.
Unas cuantos lo hacen compartiendo subjetividades con la posibilidad de contactos corporales que no involucran la genitalidad, mientras que otros colectivos comparten vivencias y emociones pero no soportan los besos, y menos las caricias, limitándose a las palabras de cariño entre ellos.
En este tipo de parejas, los dos dos miembros sienten amistad y compromiso entre ellos, así como el deseo por ejecutar un proyecto de vida juntos, pero, por uno u otro motivo –asexualidad o celibato-, desdeñan la dimensión genital que caracteriza al ser humano desde que sus hormonas sexuales iniciaron su producción –pre adolescencia-.
El rechazo al placer genital sumerge al adulto en una sexualidad infantil en que el deseo sexual, cuando este existe, se encamina hacia un placer auto erótico como aquel que se da durante la primera infancia o conduce a una transformación de este deseo sexual en algo que se tramita por actividades culturales como deporte, arte, conocimiento, acciones altruístas.., realidad que ocurre entre los siete y los doce años de vida.
Lazos de pareja que se manifiestan como aparentemente sólidos y que tienen como punto fundamental la asexualidad o el celibato recurrente y no producto de una situación momentánea –noviazgos sin casarse-, son disfuncionales en sus profundidades puesto que renuncian a la sexualidad adulta, la cual se caracteriza por la genitalidad, y por ende, también lo hacen con la animalidad que forma parte integral del ser humano.
De esta forma, las parejas formadas con estas características pueden tener una variedad de vacíos en su mismidad, como colectivo y como individuo, puesto que su sexualidad se encuentra fijada a la niñez. Esta sexualidad inmadura también puede ser acompañada de otra manera de procesar la información que no se encuentra acorde con la edad real de los miembros de la pareja.
La asexualidad y el celibato, especialmente cuando este no se asocia a una creencia religiosa, son reacciones difuncionales ante un tópico que forma parte importante de la particularidad humana, como lo es la genitalidad. Renunciar a ella puede ocasionar variados conflictos que se necesitan explorar en un proceso terapéutico.