Preferencia que los niños tienen de los cuentos de hadas con imágenes.

El cuento de hadas es una obra literaria  que puede ser disfrutada por el público de cualquier edad pero que especialmente se encuentra construida para los niños. Sin embargo, esta población disminuye su interés con estas historias ficticias cuando comienza el periodo de pre-adolescencia -9 años- por lo cual se podría afirmar que los menores con mayor preferencia en este tipo de contenidos son los de primera infancia y, aquellos con edades entre los seis y los ocho años.

Durante los seis primeros años de vida, el sistema lingüístico no se encuentra estructurado completamente, por lo cual el niño de estas edades tiene más facilidad y percibe de una forma más atractiva el entendimiento de la realidad a través de las imágenes que de las palabras. Gusto que también se conserva en el año séptimo y octavo del infante.

Es necesario recordar que la palabra media las representaciones concernientes al neurocortex –parte más nueva del cerebro-. Al encontrarse en el camino por aprenderla, el niño de primera infancia apenas esta pudiendo complejizar el desarrollo de sus funciones superiores –atención, percepción, memoria, análisis..-.

Igualmente, se requiere mencionar que el contenido del sistema límbico –sector más antiguo que maneja las emociones, memorias emocionales, memoria, homeostasis, conductas sexuales, circuito de placer adicción y sistema autónomo- es mediado por medio de imágenes.

El hecho que el contenido del sistema límbico sea a través de imágenes puede darse porque esta parte tan primitiva del cerebro no es capaz de acceder a la palabra, y porque, al ser una herencia de los pre-históricos, el procesamiento de la información de este sector es igual al que utilizaron ellos hace millones de años, o sea por medio de representaciones visuales.

Tal como el pre-histórico, el niño de primera infancia siente atracción por las imágenes y los colores en que los dibujos son pintados puesto que estos, al simbolizar la forma en que el ser humano visualiza la naturaleza y sus elementos –forma más color- influyen en el estado de ánimo del niño, pudiendo magnificar aquellas emociones y sentimientos positivos o negativos del pequeño tanto hacia el cuento como hacia la persona quien lo lee en este espacio en particular.

La magnificación de las emociones se da por medio de pares contrarios: Algunos colores estimulan mientras otros desestimulan. Otros colores sirven para representar lo masculino mientras que sus opuestos simbolizan lo femenino. Esto igualmente ocurre con los extremos de actividad-pasividad, orden-desorden o aquellos que favorecen la sensación de frio mientras otros lo hacen con el sentir de calor.

Por la satisfacción que obtienen los niños hasta los ocho años con cuentos de hadas que contengan ilustraciones, y más si estas contienen colores, se podría afirmar que estas obras literarias son más motivantes para el pequeño en la medida que los textos se acompañen de imágenes que, aunque sean una creación subjetiva del escritor o del profesional encargado de dibujar, tienen la capacidad estimular procesos interpretativos en el infante que servirán para explorar su propia realidad.

De esta manera, la combinación de las ilustraciones que traen consigo algunos cuentos de hadas con su coloreado particular dentro y fuera de los entornos del dibujo, pueden ofrecerle al niño otra significación de sus fantasías acerca de la narración del cuento, lo mismo que hacerlo con las fantasía del lector, produciendo que él enfatice sobre determinado elemento del escrito o establezca ciertos cuestionamientos alrededor del texto.

Los cuentos de hadas unido con ilustraciones coloreadas acercan tanto al niño como al lector a los arquetipos –patrones de los cuales se derivan otros elementos o ideas-, por los cuales se puede obtener una simbolización de la historia con una riqueza más profunda.

Caso contrario ocurre, cuando el niño, especialmente si no ha aprendido a leer o no tiene consciencia de la palabra escrita y su importancia–dos y tres años-, oye la lectura de un cuento de hadas sin ningún tipo de diagramación. En este caso y aunque el relato sea dado por una figura significativa para el niño, este fácilmente puede perder la concentración, y al mismo tiempo hacerlo con su deseo por asociar la historia del cuento con su vivenciar subjetivo.

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