Procesos terapéuticos en la niñez.

Un proceso terapéutico consiste en una interacción con un otro dentro de un espacio y bajo ciertos lineamientos específicos, cuyos propósitos están asociados con el mejoramiento de la salud mental –curación de síntomas, encuentro con su mismisidad, descubrimiento de su memoria reprimida..-.

Este otro  tiene un supuesto saber y habilidades que permiten al individuo construir su verdad. Sin embargo, con el transcurrir del proceso, el paciente se da cuenta que él mismo es el responsable de su mejoría, mientras su interlocutor terapéutico solamente es la persona quien estimula este camino.

Los procesos terapéuticos ofrecen utilidad en cada una de los periodos de vida. Con referencia a la niñez, estos permiten que el niño manifieste sus emociones desconocidas o reprimidas  ante las diferentes vivencias que han tenido, especialmente aquellas que han provocado traumas.

Dichos traumas se dan con relativa facilidad en los años de primera infancia puesto que el individuo no tiene herramientas emocionales y además de eso, sus capacidades cognitivas, al igual que su lenguaje, apenas esta comenzando a funcionar.

De manera que el terapeuta acompaña a algunos niños en su camino por restarle carga afectiva a recuerdos que no tienen un nivel alto de gravedad bajo la mirada del adulto –destete, la adquisición de las primeras normas, la ausencia momentánea de la madre…- y estimular que los pequeños re signifiquen estas vivencias, originando que visualice la realidad de una forma determinada y, adquiera y manifieste muchas fortalezas para encarar las problemáticas o sufrimientos que se den en su cotidianidad.

En cuanto a las vivencias que se presentan en la niñez que se consideran traumáticas hasta por un adulto –ser víctima de abuso, violencia intrafamiliar, separación de los padres…-, el terapeuta acompañara al niño en su sufrimiento, incentivando que descargue aquellas representaciones cargadas de emociones negativas, pudiéndolas repensar y re-significar con las retroalimentaciones e interpretaciones del terapeuta.

La re-significación de los recuerdos, y por ende, de la forma de procesar la información y afrontar la realidad es determinada por el lazo afectivo que el niño establece con su terapeuta, de tal manera que los afectos positivos hacia el profesional remplazan los vínculos disfuncionales que el pequeño tiene hacia sus padres y que no han permitido que se encuentre en el camino adecuado para una estructuración y equilibrio emocional.

A pesar de esto, el niño también podrá generar hacia el terapeuta algunos afectos negativos, no de muy alta intensidad, los cuales integrará con los positivos, significando al profesional de forma integral, ocasionando que consecuentemente realice esto con la representación de sus padres.

Esto quiere decir que los procesos terapéuticos en los niños, debido al material que sale dentro del consultorio, el vínculo afectivo con el profesional de la salud mental, junto a las transformaciones que los padres necesitan implementar con su ambiente y con ellos mismos, permitirá que los menores signifiquen sanamente su mismisidad y la de su contexto cercano, para de esta forma vivir funcionalmente y aprender a solucionar los conflictos de la misma manera.

Puesto que la palabra no se ha adquirido sólidamente o no produce la suficiente satisfacción o placer –los niños tienen su motivación en el hacer y no en el sentir hablado-, los terapeutas requieren metodologías distintas a la de un adulto, tales como dibujos, juego de títeres..

Metodologías que, además de los resultados propiamente dichos –el dibujo terminado, la solución de una situación específica..- también se caracteriza porque el terapeuta, interpreta y retroalimenta, cada paso de la actividad lúdica, ayudando esto al mejoramiento de la conexión emocional de los dos, y por ende, la apertura del menor hacia el espacio y el proceso en sí.

Dicha conexión emocional permite que el terapeuta en cierta ocasiones “preste palabras” al niño, sea porque el pequeño todavía no tiene un alto nivel cognitivo para manifestarlas o sea porque él tiene inconvenientes para la manifestación de sus emociones y recuerdos.

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