Pulsión de vida y muerte ligada a la madre buena y madre mala.

La pulsión es un concepto definido por Freud como el esfuerzo del organismo para repetir un proceso o vivencia que debió haber resignado debido a las exigencias culturales. Según él, existen dos clases de pulsiones: La pulsión de muerte y la de vida -Conceptos diferentes pero que permiten visualizar la existencia humana y lo inmaterial en un solo conjunto-.

La pulsión de vida y la pulsión de muerte tienen su razón de ser porque lo animado se desarrolló a partir de lo inanimado, entendiendo lo inanimado como seres microscópicos cuyo nivel de actividad es casi que igual a cero. Seres unicelulares que están tanto fuera del individuo como dentro a él.

En estos seres tan pequeños, la vida no dura mucho por lo cual se encuentra muy cercana a la muerte. De esta manera, se puede deducir que el deseo de la vida es la muerte y viceversa. La muerte es entendida como la inactividad total mientras que la vida es entendida como el movimiento.

Una cantidad considerable de las células del cuerpo humano obedecen a estas pulsiones de vida y muerte, por lo cual la totalidad del individuo esta inmerso dentro de esta dinámica. De este modo, la lucha de estas pulsiones se convierte en algo decisivo.

La motivación del movimiento por la quietud y de la quietud por el movimiento, permite dar equilibrio a la existencia del ser humano, de tal manera que cuando el cuerpo esta trabajando con una intensidad que no puede controlar, el sistema inmunológico comienza a fallar, provocando una enfermedad, y por ende obligando al individuo a guardar quietud, equilibrando la carga energética nuevamente.

Con el tema de la significación de pecho bueno y el pecho malo en la mente del bebé, el primero de ellos –pecho bueno- permite el equilibrio emocional del infante, puesto que se interioriza después de un vínculo sano con la madre, y después que ella suple sus necesidades tanto de alimento como de afectos.

Desde este punto de vista, el pecho bueno se puede asociar en su objetivo final con la pulsión de muerte, en la medida que ambas definiciones –pecho bueno y pulsión de muerte- se refieren a la llegada del niño a un estado de paz, tranquilidad y confianza, propicio para facilitar los variados desarrollos –físico, afectivo, adaptativo, lenguaje, social-.

En cuanto a las situaciones funcionales que originan la interacción de pecho bueno y pecho malo, estas se dan cuando el niño significa el pecho bueno de la madre con alta intensidad, o sea con capacidad para ofrecer equilibrio, y con capacidad para comenzar la estructuración emocional a partir de las vivencias con este pecho, de tal manera que el hijo podrá reponerse sanamente, a los malestares producidos por las experiencias disfuncionales con esa madre, en caso que estas existan.

Por el lado de las situaciones disfuncionales, el niño puede internalizar un pecho bueno con excesiva y no sana intensidad, cuando la madre cumple la totalidad de los deseos de su hijo, sin imponerle ningún tipo de normas o de acciones provocadoras de malestar,  por lo cual el sujeto se queda en un estado permanente de bienestar, sin  la motivación para moverse, desarrollarse o aprender.

En este caso, la madre significa a su hijo como alguien de su propiedad –una totalidad con ella misma-, y no como un ser social, el cual debe enfrentarse a negativas y faltas para adquirir habilidades y conocimientos que le permitan adaptarse a una cultura sin demasiados traumatismos personales.

Otro tipo de circunstancias nocivas tiene lugar en caso que la definición de pecho malo sea mayor que la del pecho bueno. El pequeño no tiene herramientas emocionales para reponerse a los malestares producto de diversas características negativas de la madre, y de las peculiaridades dañinas del vínculo afectivo entre madre e hijo.

Así, se puede observar que teniendo como base un equilibrio y el inicio de una estructuración a nivel emocional del niño, dada por la significación del pecho bueno, el sujeto puede enfrentar y reponerse a las representaciones que son connotadas como pecho malo, las cuales son caracterizadas por el movimiento y por la desestabilización de aquellas significaciones positivas.

La magnitud de la interiorización del pecho bueno, que representa la pulsión de muerte gracias al estado de paz y tranquilidad provocado por los vínculos afectivos sólidos y sanos con la figura materna, trabajará en la mentalidad del infante como soporte para neutralizar y restablecer el equilibrio como consecuencia del malestar producido por el pecho malo.

Esto solo se puede lograr cuando el material que permite el equilibrio tiene mayor fortaleza que el material que no lo permite, y cuando existen diferencias relevantes entre las primeras y las segundas. En termino pulsionales, se podría señalar que la presencia de pulsión de muerte en el sujeto, promueve que la pulsión de vida –movimientos constantes con propósitos descompensatorios- se puedan tolerar.

En este punto, cuando lo bueno es más fuerte que lo malo –aunque este último no debe dejar de existir-, o sea la pulsión de muerte tiene mayor peso que la pulsión de vida, existe la posibilidad en la integración de pecho bueno –amor- y pecho malo –odio- y la creación de soluciones ante situaciones conflictivas.

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