
Para los adultos entre 25 y 40 años que han deseado y planificado tener hijos, o por lo menos lo han deseado, la noticia acerca que serán padres de su primer descendiente, es algo que llena de alegría. Beneplácito del cual forma parte tanto la familia extensa de la madre como la del padre.
Estos sujetos conciben su paternidad o maternidad con confianza puesto que sienten que tienen la suficiente experiencia para formar adecuadamente a un nuevo ser, y además de eso han adquirido tanto una experticia en sus quehaceres laborales, como un reconocimiento social por su trabajo, lo cual permitirá la consecución de los recursos para poder satisfacer las diversas necesidades de su hijo.
Con la significancia positiva de su estado de preñez, la madre encamina su atención y esfuerzo en lograr un embarazo sano, dejando de realizar ciertas actividades, haciendo controles médicos minuciosos, estableciendo contacto y comunicación con el bebé que esta creciendo dentro de su cuerpo. A pesar de este ambiente acogedor, la madre siente alguna preocupación acerca que su hijo tenga un nivel de salud satisfactorio dentro de su vientre, y posteriormente cuando nazca.
En estos momentos del embarazo, la figura paterna se significa desplazada puesto que no puede hacer parte de la relación fusional que tiene su hijo con la madre en la medida que ambos comparten el mismo cuerpo. Desplazamiento que se puede leer como envidia.
Debido a su incapacidad para experimentar a su hijo como parte de sí mismo, lo mismo que para crear una manera de romper esta envidia con la madre de su hijo, el padre, aunque también tiene mucha felicidad por el embarazo, se centra en cuestiones objetivas. De aquí nacen sus preocupaciones más que todo por la parte económica, generando acciones como la realización de proyecciones de los nuevos gastos, tomar decisiones sobre la posibilidad de ascender dentro de la empresa o sobre la búsqueda de nuevas opciones laborales que permitan adquirir mayores recursos en la economía familiar, entre otras cosas.
A pesar de la felicidad que embarga a los dos padres en estos instantes, ellos –madre y padre- tienen dos niveles distintos de preocupaciones. Momentos emocionales negativos que los pueden alterar individualmente, lo mismo que como padres y como pareja en caso que lo sean.
Las figuras parentales, casi que en la generalidad de las situaciones, no se han preocupado por integrar estas dos maneras de interpretar su nueva realidad. Integración que deberá ser llevada a cabo con la creación frecuente de espacios de introspección desarrollado por ellos mismos o dentro de un contexto terapéutico.
En dichos espacios, se necesita que cada una de las partes ofrezca sus afectos y emociones –miedo, alegría, rabia, esperanza..- a conocer y sea continente con aquellas de la otra parte, generando que cada padre desarrolle la empatía respecto de su compañero.
Con esta empatía que cada padre tendrá con el otro, se abre un espacio para compartir los sueños de cada uno. Fantasías que al socializarse entre los dos, podrán convertirse en proyectos objetivos en que los padres pondrán su esfuerzo para su cumplimiento.
Dentro de este espacio introspectivo entre los dos padres, no se deben dejar a un lado los acuerdos que los dos adultos llegarán acerca de algunos aspectos esenciales en la formación de su hijo durante el primer año de vida. Igualmente, las figuras parentales necesitarán establecer un diálogo continuo para la retroalimentación de esos acuerdos y la transformación a los 1, 3, 6, 9, 12, 15, 18 años.
Acuerdos que necesitan tener los siguientes temas, los cuales tendrán mayor o menor preponderancia según la edad del hijo. Descripción de las faltas en cada una de las edades que los padres sancionaran y como será esta sanción, los deberes y las normativas que su hijo tendrá en cada edad, el manejo del tiempo libre y el nombramiento de diez situaciones conflictivas que se pueden presentar entre los padres referencias a su hijo y como las manejarán.
Adicionalmente, estos espacios introspectivos necesitan de la indagación constante de libros de pedagogía, pediatría, psicología u otras ciencias para el desarrollo de conocimientos que permitan darle una mejor formación a su hijo junto a vínculos afectivos más funcionales.