Trastorno autista.

El autismo, según el manual de psicopatología, es un trastorno de desarrollo infantil –tiene su origen en la infancia y no desaparece en la adultez-  caracterizado por dificultades significativas en las interacciones sociales y la comunicación, y por patrones de conducta, de interés y de actividades limitadas.

Las personas con trastorno autista no progresan en sus relaciones sociales de acuerdo a lo esperado para su edad, estableciendo un tipo de contacto que puede parecer inusual y extraño con los otros –no ofrecen contacto visual y no sonríen, aunque si pueden reconocer la diferencia entre las personas desconocidas y conocidas, y prefieren resguardarse con estas últimas durante los momentos estresantes-.

En cuanto a la parte de comunicación, los autistas tienen graves dificultades en la utilización de esta herramienta. Algunos repiten lo que dicen los demás –acción llamada ecolalia-. Los autistas que están capacitados para hablar, son incapaces o no desean sostener conversaciones con otros.

En cuanto a los patrones de conducta, de interés y de actividad limitadas, se ha encontrado que muchos autistas prefieren las actividades repetitivas, teniendo un alto nivel de conflicto cuando existe algún tipo de modificación a sus actividades –Esta preferencia se ha llamado mantenimiento de uniformidad-.

Debido al mantenimiento de uniformidad, los individuos con el trastorno autista, dedican incontables horas a conductas estereotipadas –girar en círculos, agitar las manos delante de los ojos…- y rituales –tocar cada pupitre de la clase cuando se van a sentar..-.

Acerca de la asociación entre autismo y coeficiente intelectual, Casi la mitad de las personas con trastorno autista, tienen un coeficiente intelectual grave a profundo –menor de 50-, el 25% tiene un CI  ligero o moderado – puntajes de 50 a 75- y el porcentaje restante tiene un CI por encima de 75.

El nivel de apoyo que necesitan los niños con este tipo de trastorno, depende del nivel cognitivo que tengan. Con mejores resultados en las pruebas de coeficiente intelectual, mejor será el pronóstico y menor el apoyo que se debe ofrecer para una adaptación funcional a la sociedad.

Las personas que estudian este trastorno, han concluido que existe un componente genético. Las investigaciones actuales han hablado de implicación especialmente del cromosoma 15, aunque también se especula que hay otros 10 genes que participan en el desarrollo de esta patología.

Refiriéndose a la parte neurobiológica, las estadísticas muestran que el 75% de las personas autistas tienen cierto nivel de retardo mental, por lo cual se puede inferir la existencia de una lesión orgánica. Además de esto, entre el 30 y el 75%  de estos individuos manifiestan alguna anormalidad neurológica como torpeza o desorden de postura o de la forma de caminar.

Estos factores biológicos originan la enfermedad, pero existen temáticas de tipo psicológico que pueden acrecentarla más. Tópicos relacionados con las características del vínculo familiar, específicamente después que su hijo fue diagnosticado con dicha patología. 

Algunas familias rechazan el diagnóstico de autismo de su hijo, sobrino, nieto…, buscando otras opiniones profesionales, con lo cual pierden tiempo valioso para introducir a su familiar en un contexto educativo de educación especial, que permita conseguir mayores desarrollos en los tópicos afectivos, adaptativo, lenguaje, físico…

Por el contrario, otras familias con apertura desde el punto de vista emocional, aceptan el dictamen de la disfuncionalidad de una forma proactiva, mediante la evaluación inmediata de las alternativas para el mejoramiento de las condiciones de vida de la persona con autismo, asesorándose de varios profesionales para el apoyo del infante y de los adultos en cuanto a la asimilación afectiva y racional ante esta nueva realidad del entorno familiar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *